La autenticidad de la vida

Me está pasando. Cada vez tengo las cosas más claras, lo percibo cuando más me acerco a una incógnita, cuando más intento deshilachar la realidad que me rodea porque sólo obtengo mierda y basura que no me sirve ni para alimentar al más miserable ladrón de almas.

Hay un ansia inquieta por conocer la realidad, por tener certeza de una verdad que es única pero tal vez lejana a nuestras capacidades de conocer. Porque lo único que podemos aportar nosotros mismos para intentar construir una verdad vagamente objetiva son hipótesis que hemos creado a través de la experiencia, de momentos con la vida, la naturaleza y otros seres humanos que observan e imaginan la existencia a través de ellos mismos, de mentes siempre diferentes.

Y aunque duela, la verdad es sólo una idea construida a lo largo del tiempo. La ética y los valores no existen como sujetos absolutos capaces de sostener la verdad más pura porque han sido creados para ser así pero, ¿por qué no podrían haber sido construidos de una forma totalmente opuesta?

Con esto no estoy tratando de justificar cualquier tipo de injusticia, sino que intento mostrar que lo que para mi es una inmoralidad (teniendo en cuenta que tengo mi sistema de principios y valores interiorizado) puede que no lo sea para otro individuo que ha desarrollado su vida en un hábitat, cultura o planeta del universo totalmente alejado de nuestra subjetiva opinión sobre el mundo real.

Y es que a parte de la existencia de prototipos que no podemos obviar como el de belleza, el cuál te obliga a seguir un esquema físico asfixiante al que  si no te ajustas te humillará y te hará sentir incómoda con todo lo que en realidad eres. Y esto es solo un ejemplo de un prototipo bastante perceptible y opresor pero es evidente que tenemos mil capas de pintura encima que ocultan nuestra entidad y esto sólo es explicable porque estamos rodeados de patrones y reglas, muchas de ellas incomparables a las cuales nos abrazamos durante toda nuestra vida.

Así que lo único que puedo afirmar ahora es que la autenticidad de la vida sólo está en ella misma y que nuestras opiniones sobre la verdad son simple y desgraciadamente eso.

Marta Martínez Rodríguez

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