Tu vida sin ti

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha fantaseado con la idea de la inmortalidad, el reverso de la cara de la moneda que nos amenaza: sentimos que nuestro tiempo en este mundo es limitado, nuestro reloj de arena, una vez que caigan todos sus granos, no dará ya más la vuelta.

“- ¿Quién eres? – preguntó él muy despacio.

Ella sonrió, sopló un viento frío.

– ¿No lo sabes?

Lo sé, pensó, mientras miraba al frío celeste de sus ojos. Sí, resulta que lo sé.

Estaba sereno, no sabía estar de otro modo. Ya no.

– Siempre quise saber qué aspecto tenías, señora.

– No tienes que titularme así – dijo en voz baja -. Al fin y al cabo nos conocemos desde hace años.

– Nos conocemos – confirmo él -. Dicen que me sigues paso a paso.

-Te sigo. Pero tú nunca miraste detrás de ti. Hasta hoy. Hoy miraste atrás por primera vez.

Él guardó silencio. No tenía nada que decir. Estaba cansado.

– ¿Cómo…cómo va a ser? – preguntó por fin, fríamente y sin emociones.

– Te tomaré de la mano – dijo, mirándole a los ojos -. Te tomaré de la mano y te llevaré por una pradera. Entre la niebla, el frío y la humedad.

– ¿Y después? ¿Qué hay después, detrás de la niebla?

– Nada – sonrió -. Después ya no hay nada más.”

En tanto somos seres que poseen consciencia de su propia existencia, somos capaces de percibir que ésta, tal y como la conocemos, acabará en algún momento, pero… ¿definitivamente?

Ignacio Corroto

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