Prejuicios

¿Quién no tiene algún prejuicio?

Creo que, por desgracia, todos tenemos prejuicios. Y digo por desgracia porque considero que es el tiempo peor invertido del mundo. Dedicar un solo minuto a hacer un juicio sobre una persona a quien no conoces de nada, es perder ese minuto en intentar conocerla realmente, en dedicarle un “hola”, en intentar llegar a ella para después, hacer tu juicio sobre una base lógica.

Y es que, a veces, nos creemos tan inteligentes como para saber la vida de alguien por su forma de vestir, su color de piel, su país de procedencia, el lugar donde trabaja, su idioma, su coche y otra infinidad de tonterías por las que es imposible categorizar a nadie.

Piensa en ti mismo, lo que eres, quién eres, lo que te define: tus valores, tus principios, tus actos, tus pensamientos. Si piensas que nadie puede conocerte realmente si desconoce todo esto, si no te dedica un tiempo, si no se acerca a ti ¿cómo piensas que tú sí puedes hacerlo con otras personas?

Creo que tener prejuicios es la manera más ilusa de cerrarse al mundo, no por estar cerrándote a nuevos horizontes, sino por hacerlo a las personas, que al fin y al cabo, son lo más importante de este caminar por la vida. Personas que quizás piensen igual que tú, aunque lo hagan en otro idioma; personas con las que podrías tener una buena conversación, aunque no tengan tu edad; personas con las que compartas muchos valores, aunque no recéis al mismo dios.

Renunciar a tantísima gente solo por tener prejuicios por meras cuestiones físicas y materiales, sólo va a empobrecer tu vida limitándote a relacionarte con un puñado de personas de las que, seguro, ya conoces casi todo.

Ayer vi una película en la que una madre musulmana le enseñaba a su hijo autista, la que ella consideraba la mejor lección de vida: en el mundo sólo hay dos tipos de personas, las buenas y las malas, esa es la única diferencia. Quizás es demasiado básico, quizás haya otras muchas cuestiones que importen, pero estoy convencida que es la mejor fórmula para no tener prejuicios, para arrancar de cero y conocer a alguien a partir de lo único que realmente debería importar: ser una buena persona.

Os dejo el título de la película: “Mi nombre es Khan”


Esther Barbero

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