Las mejores cartas.

Sería injusto echarle la culpa a la vida
porque a menudo soy yo quien se trata sin respeto
esperando de la vida aquello que ni busco
ni persigo y tal vez ni merezca.

La felicidad se hace con las manos
no es algo que se espere.

Está detrás de las buenas decisiones,
junto a las personas que buscan en los nidos de la calma,
lejos de mujeres que te hacen sentir mucho
a costa de tu bienestar emocional,
lejos de hombres que prometen varios cielos
antes de salir en estampida.

Deberás buscarla dándole a la vida mucho:
respeto por las cosas buenas,
pocos viajes hasta el exceso
y algo de disciplina para que tu corazón o tu cabeza
no elijan el camino de la pasión sin fondo
ni se busquen en la cama equivocada
de quien te da amor con arsenales.

Huye de la paz de quien renuncia al deseo para sentirse a salvo
porque eso es alistarse en otra guerra.

Tendrás que preocuparte tú por asfaltar
todos los caminos que transites con el alma,
buscar abrazos sinceros en almas hermanas
y salir de la infelicidad de quien piensa
que le han tocado malas cartas para la partida.

Digamos que todo está en decidirte por la senda del esfuerzo
para que aprendas a usar de tal modo tus cartas
que la vida no necesite repartirte otras,
sabedor de que aquel que persigue el bien sin concesiones
se merece la amistad, el regalo y el respeto.

Dicho de otro modo, quien vira hacia el camino de la luz
deja de pensar en la vida como en un estúpido crupier
y comienza a ser, de una vez,
quien se reparte a si mismo las mejores cartas.

Marwan

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