Somos lo que nos hablamos

Cada vez sabemos más sobre la importancia y funcionamiento del lenguaje. Esta capacidad humana que nos distingue del resto de seres vivos, que sirve para comunicarse de una forma sistematizada y comprensible. Es un sistema complejo de símbolos que nos permite comunicar sentimientos, pensamientos, ideas. Es fundamental el poder comunicarnos con los demás, pero no lo es menos la forma de “hablarnos” a nosotros mismos.
La manera en la que te hablas a ti mismo a veces es determinante, es importantísimo que tu diálogo interno sea positivo para que así sea beneficioso y te aporte seguridad, confianza, proyección, vitalidad, optimismo… Levántate en la mañana, mírate al espejo y di: “¡hoy voy a contribuir a que sea un gran día!”, “oye, pues no estás tan mal para la edad que tienes”, “valgo mucho” etc…sonríe y adelante. Lánzate mensaje positivos. Tu cerebro recibe órdenes. No te hables en condicional, al contrario, di “lo haré” en vez de “haría esto si…” Con confianza…”seré capaz de hacerlo”, “todo saldrá bien”, “merezco ser feliz”… Las personas que continuamente utilizan un lenguaje totalmente pesimista, con inseguridad, con miedos actúan en consecuencia puesto que se creen eso que se dicen a sí mismos cuando en realidad son mentiras, son creencias irracionales.
Se repiten: “es que no valgo para nada, “soy un inútil”, “tengo miedo, no se como saldrá la cosa”, “me siento mal”, “estoy triste”, “siempre lo estropeo todo nada me sale bien”, “es mi culpa”… NO, esa no es la forma de ser feliz ni de salir adelante. Arriésgate, atrévete y deja el miedo atrás que te inmoviliza. Eso te amarga y amargarás a tu entorno también. Aprende a cambiar la forma de hablarte, créetelo, confía en tus capacidades, eres valioso.
Visualizarse en una situación que deseemos nos motiva y nos ayuda a conseguirla porque en nuestro cerebro ya lo estamos haciendo y eso nos impulsará hacia ello. La posibilidad que tenemos los humanos de imaginar también nos diferencia, es única en nuestra especie y es una herramienta fantástica si la usamos de forma que nos traiga resultados positivos y saludables.
A veces parece que nos regodeamos en las tragedias que nos suceden a diario y nos metemos en esa espiral, luego, difícil de salir. Hay a algunas personas que parecen que solo le ocurren desgracias, que sólo hablan de cosas negativas… ¡Qué daños nos hace! Eso se contagia… ¿ por qué no trabajamos para contagiarnos todos pero de optimismo? Seremos más felices. Tu granito de arena también importa.

Que bien sienta el “buenos días” de la pastelera, la sonrisa de tu amiga, el abrazo de tus padres, el te quiero de tu pareja, el piropo que te “echan” etc… Esos detalles que te hacen sentir bien. Ya sabes… rodéate de gente alegre, simpática, que transmita “buen rollo”, diviértete, ríe, así todo se verá diferente. Porque no se ve igual la vida cuando estás contento, que cuando estás triste. Así que… cuida lo que hablas al resto de las personas y a ti. La felicidad la transmites si la tienes. Ocúpate en ello.
¿Lo harás?

Dámaris Guerra 

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