El baile de los instintos

Anoche no éramos nosotros.

No éramos nosotros los que sucumbieron

                                     a la belleza.

Anoche no fuimos más que víctimas

de la Naturaleza titiritera;

no fuimos más que un resplandor

de la equívoca perpetuación de la especie.

Anoche no éramos nosotros,

sólo fuimos dos cuerpos

pecaminosos por semejanza;

un engranaje perfecto de la pasión.

Anoche nuestra conciencia,

aparcada en un rincón,

no fue más que un mero observador a medias

del baile de los instintos.

Anoche no éramos nosotros,

éramos solamente la desnudez misma del Hombre,

la fogosidad de dos almas

abocadas inexorablemente al orgasmo;

éramos un delirio,

la panacea universal.

Anoche éramos sencillamente nosotros.

José Antonio Alcolea

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