Llegar más allá

Si pensamos en el concepto de superhombre, probablemente lo primero que nos venga a la mente son los superhéroes de la ficción: Spiderman, Superman, y muchos otros. Todos comparten algo: o bien tienen de nacimiento una genética que va más allá de lo humano, o bien la recibieron en alguna clase de accidente. Ninguno es, propiamente, un ser humano.

Obviando referencias a la ficción, ser un superhombre es, sencillamente, ser un hombre que supera las capacidades del hombre estándar. Llegar más lejos. Más alto. Más allá. Ser un superhombre supone, en pocas palabras, el rechazo de la mediocridad y el permanente esfuerzo para alcanzar nuestras más altas cotas en todos los aspectos de la vida.

Caspar_David_Friedrich_-_Wanderer_above_the_sea_of_fog

Me gusta la pintura que acompaña estas líneas –El Caminante sobre el Mar de Nubes, de Friedrich-, porque refleja muy bien la situación en la que nos encontramos cuando nos planteamos ‘¿Hasta dónde puedo llegar?’ Esta pintura simboliza la introspección. La mirada en la niebla de lo desconocido de nosotros mismos. Pero también las vastas tierras del terreno para mejorar.

Y si nos fijamos, vemos que la posición del caminante es contradictoria: por un lado parece dominar el paisaje desde su posición en lo alto, pero por otro basta contemplar las montañas entre la niebla para notar lo insignificante de la persona en él.

Creo que es en ese sentido en el que encaramos nuestro camino al superhombre. Nos encontramos en la comodidad de la zona que ya conocemos, en los límites explorados. Y nos enorgullecemos de lo caminado. Por eso dominamos el paisaje que se abre ante nosotros: hemos llegado tan lejos, que estas vastas tierras se abren majestuosas ante nuestra mirada como el otro fruto de nuestro esfuerzo.

Pero también comprendemos que extender el círculo de lo que conocemos y lo que dominamos, significa extender aún más el círculo de lo que sabemos que desconocemos y no dominamos [cosas de la geometría]. Y por eso nos sentimos pequeños: tras haber avanzado tanto, siguen extendiéndose ante nosotros enormes y escarpadas cordilleras, y vastas y desoladas llanuras.

Esta imagen paradójica es, en sí misma, una experiencia sobre humildad. La mayoría de nosotros nos asomamos al abismo de vez en cuando, en momentos concretos, para que rápidamente la vida diaria vuelva a apartar nuestra mirada de él. Pero durante ese instante, hemos experimentado la sensación de ver hasta dónde podríamos llegar. Acabamos de sentir ese abismo no como algo inabarcable, sino como una muestra de nuestra auténtica valía, de nuestro yo más poderoso: de todo lo que podríamos alcanzar si saliéramos de nuestro cómodo campamento.

Sin importar cuánto hayamos andado, siempre sentimos que podemos llegar mucho más lejos. Siempre sentimos que podemos conseguir más. Ser mejores. Llegar más allá.

Ser un superhombre no es un objetivo. No es un destino al que dirigirse, sino un camino que recorrer. La perfección es, como a veces nos recuerdan, una montaña ‘inescalable’ que debemos escalar a diario.

¿Alguien más se apunta?

Kike Miralles

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