Un cuento para Watermelon

(La niña hija por error de una neonazi)

Noticia en la que se basa este cuento.

Érase una vez una niña morena que, por error o premeditación, por casualidad o cosas del destino nació de una sandía. El parto, con el artificial rojo de la fruta, fue extraño a la vez que perplejo, mamá sandía y su novio melón no esperaban una niña de sus entrañas. La llamaron Watermelon y causó un revuelo en la comunidad frutil.

Era diferente, y se notaba.

Tenía unas manos chiquititas, unos ojos grandes y oscuros, los labios carnosos y el pelo ensortijado. Las sandías la miraban recelosas, tenía demasiadas cosas, no era verde y redonda como ellas, no tenía pepitas por dentro sino pulmones, ojos, tacto, gusto, corazón, un recorrido sanguíneo incesante, un sistema neuronal, piernas, brazos, capacidad de pensar, y de amar.

Las sandías la insultaban. Le decían que era seminormal.

El melón las abandonó.

Rodeada de frutas verdes y rojas, todas iguales, le quisieron hacer creer que estaba mal hecha, que tenía que ser como ellas pero apenas tenía dos añitos cuando alguien la encontró y contó su historia.

Las sandías se enfadaron, incluso unas con otras, pero a nadie le importaba.

Entonces, el mundo se hizo eco y todos los colores juntaron sus manos, sus ojos, sus corazones, sus cerebros, y pensaron enseñarle a Watermelon, que lo mejor que se puede hacer con la fruta, es comérsela.

Myriam Barnés Guevara

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