Dominarte, ¿un arte?

Para un segundo, gírate, mira a tu alrededor y pregúntate si todo lo que ves fue idea de unos pocos, el consenso de muchos o una imposición absurda de una tendencia determinada marcada por una época concreta. No lo sabes, y yo tampoco. ¿Nos dicen lo que queremos oír?

No siempre llueve a gusto de todos y las imposiciones siempre estarán presentes, generación tras generación. Porque unos dominan, la mayoría obedece y los rebeldes se transforman en lobos esteparios abandonados a su suerte. El arte, la literatura, la escritura, la oratoria y dialéctica, las películas que se filman, los argumentos que se crean, ¿quién marca las modas? La mayoría de las veces hay uno que se lanza y prueba, como un conejillo de indias, tanteando el terreno, y el resto procede a su imitación. El original es la clave. ¿Qué lleva a una persona a zambullirse esquivando la tan temida extrema incertidumbre?

Las tendencias se prefabrican, y lo que no conocemos, no existe. Aunque exista. Es así. Los medios de comunicación y los interesados harán lo que tengan que hacer para que todos nosotros recibamos el mensaje que ellos deciden emitir. Hasta ahí bien. La principal desventaja de este círculo vicioso en el que ya no sabemos distinguir dónde empieza el marketing y donde acaba lo que realmente queremos ver, leer o escuchar.

Y es que nos hemos acostumbrado a que nos lo den todo hecho. Nos hemos acostumbrado a no fiarnos de nosotros mismos, unos de otros, de nuestras opiniones, de las reseñas de las redes sociales, de los comentarios de «líderes de opinión» que no son sino personas pagadas para que den un testimonio favorable o negativo. Nos hemos acostumbrado a lo fácil, que es sentarnos, y esperar a que una nueva tendencia nos caiga del cielo. Y cuando ya nos cansamos, o nos satura, esperamos un poco más, hasta que una tendencia olvidada vuelve a estar de moda, y la acogemos como si nunca se hubiera ido. ¿Hipocresía, falta de criterio, miedo, quizás, a ser nosotros los que intentemos aportar nuestros nuevos gustos? En una sociedad tan definida, es fácil asustarse por el qué dirán, y mucho más si lo que nos gusta no encaja con lo socialmente aceptado. Las minorías aguardan su momento, mientras que la gran masa sigue consumiendo todo lo que se le pone delante. Basta añadir la etiqueta «best seller» a un libro para que éste venda un 45% más que cualquier otro ejemplar. Independientemente de si es un buen libro.

“Puede que no podamos darles la música que están deseando oír, pero tampoco vamos a cobrarles por probarnos”

Ésa es la actitud. A alguien le gustarás.

Y así, puede que algún día seamos nosotros los que marquemos el ritmo de todo y ellos tengan que esforzarse un poco más para alcanzarnos.

www.versandoimposibles.com

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