Las vacaciones

Está decidido: el año que viene no hay vacaciones. Tenemos previsto irnos en verano a la playa mediante viaje en avión. Como es dentro de unos meses decido informarme de lo que necesito para hacerles el DNI a los niños yendo al lugar donde los expiden. Llego al lugar y me dicen en la puerta que debo coger cita. Lo intento por teléfono porque parece más sencillo. El contestador que me descuelga no entiende mi español y cuando se cansa de mí, corta la llamada. Tres intentos, más del triple de euros gastados en ello. Voy a probar por Internet. Si pueden los chavales, no voy a ser yo menos. Tres horas y no consigo escribir bien los datos que me pide el ordenador. Al final tengo que pedirle ayuda a los niños. Diez minutos y escucho “Papá, ya lo tienes”. Estos jóvenes nacen con la tecnología integrada en el ADN, estoy seguro.

Me presento el día de la cita temprano, para no tener sorpresas, y cuando llego compruebo que la sala está repleta de personas. Tras unos minutos allí el ambiente comienza a ponerse tenso, porque al parecer hay un retraso de media hora en las citas por motivos ajenos a los funcionarios que atienden. Así que me toca esperar pacientemente.

Después de una hora sentado me llaman, y cuando me acerco y le digo al amable funcionario que me toca en suertes que quiero hacerle el DNI a los niños para un viaje, me pregunta por ellos. Un día de verano a las 10 de la mañana, ¿dónde van a estar? ¡Pues en la cama, que ayer trasnocharon! Indignado me manda a casa a por ellos y me pide que me de prisa para que pueda ser atendido posteriormente sin perder la cita. Media hora de coche y atasco para ir, otra media para esperar que se preparen, y otra para volver.

Cuando llegamos a la sala y se queda un funcionario libre le cuento que estuve hacía rato y que no me había llevado a los niños. Me sienta con él y me pide una partida literal de nacimiento especial para el DNI y un volante de empadronamiento de cada niño. ¿Partida de qué? ¡Si yo la única partida que conozco es al tute! Y un volante… que imagino no servirá para conducir. ¿Y dónde se consigue eso? Después de informarme que lo debo solicitar en el registro civil donde les inscribí y en el Ayuntamiento del pueblo donde vivimos, vuelta para casa. De camino me pregunto, ¿qué le costaba al que me atendió primero decirme qué necesitaba? Tampoco era tanto esfuerzo, imagino. Y sigo pensando, ¿por qué no le habré pedido que me cuente todo lo que necesito? Seguro que me falta algo, es un presentimiento que tengo.

Tras la excursión por mi pueblo y un par de ruegos, vuelvo a las dos horas. La sala está, por suerte, vacía de ciudadanos. Me atiende una funcionaria con una sonrisa. Me pide la partida, el volante, y una fotografía de cada niño. ¿Una fotografía? Ya sabía yo que me iban a pedir más cosas… Busco en mi cartera, mi mujer siempre me regala alguna foto de los pequeños cuando les hace. Saco una de cada uno y la chica me pregunta contrariada si sería capaz de reconocer quién es quién de los dos en esas fotos. ¡Pero si se llevan 4 años de diferencia, es evidente cuál corresponde a cada uno! El caso es que aunque yo les distingo, ella insiste en que las fotografías no son actuales y me insta a hacerles otras nuevas, pero dándome prisa porque cierran en algo más de media hora.

Carrera al estudio fotográfico con los niños, que para nuestra fortuna está a menos de 100 metros. Uno no está para estas carreras. Tras unas tres fotografías de prueba con la niña (me ha salido delicada, qué le voy a hacer), volvemos a toda prisa a la oficina. Parece que ya está todo. Un funcionario eficiente nos despacha en algo menos de media hora. Por fin, cojo los carnés de mis niños como si de un trofeo se tratase y vuelvo sonriente a casa. Allí me percato de que me han puesto las fotos cambiadas. Me da una subida de tensión y caigo desmayado al suelo.

Lunes, 6:30 de la mañana. Suena el despertador. Con dificultad, consigo callarlo sin mirar, de un golpe brusco y seco. Me incorporo despacio. Abro los ojos mientras intento visualizar lo que acaba de ocurrir. Todo ha sido un sueño. Una hora después me preparo para salir hacia el trabajo. Hoy empiezo en mi nuevo puesto de trabajo, en el de expedición de DNI.

Óscar Bustamante

www.historiastrastudni.wordpress.com

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Un pensamiento en “Las vacaciones

  1. Vaya pesadilla, Oscar y lo peor es que estas cosas ocurren en realidad.
    Parece que los funcionarios disfrutan haciéndote volver una y otra vez con un papel, un sello, unas fotos, unos formularios, un justificante de pago de tasas ¡terrible! ¿Porqué no dirán desde el principio todo lo que necesitas llevar?
    Normal que haya retrasos y que pierdas horas esperando hasta que te atienden y consigues acabar el trámite.
    Genial el post.
    Un besote

    Me gusta

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