Auxilio

Desde que somos pequeños  a través de las películas Disney, de Barbie y Ken, nos enseñan que el sentido de la vida es encontrar a nuestro príncipe para que nos salve. Se les olvida enseñarnos que lo más importante en este mundo es saber volar solo, no dejar que nada ni nadie nos maneje las alas. No depender. Ser libres. Valernos por nosotros mismos.

Sin embargo, cuando estás intentando aprender las respuestas, llega la vida y te cambia las preguntas. Y entonces aparece él. Como un huracán arrasa con todos tus principios, tus intentos de aprender la lección, de no volver a caer en las riendas del amor. Tus promesas de no volver a enamorarte, de no volver a confiar. Pero como una luz al final de un túnel llega para hacerte comprender que existen muchos tipos de amor pero solo uno verdadero: el amor sano. Es posible amar a otra persona sin perder la libertad, la esencia, sin dejar de ser tú. Y cuando lo encuentras comprendes la idea errónea que existe sobre el amor, que querer no lleva implícito la palabra renunciar, que el verdadero amor no es posesivo, es seguro y confiado. Ser dos pero no dejar de ser uno más uno. No formar  una frase subordinada juntos, sino dos elementos que se complementan pero pueden seguir funcionando por separado. Pocos tienen la suerte de encontrarlo pero yo encontré la perfecta definición de amor. Amor con todas las letras. Cuando menos deseaba complicarme la vida llegó él para enseñarme que era posible compartir el día a día con otra persona de una forma sencilla. Lejos de los problemas. Encontré el mejor refugio donde sentirse arropada, querida y protegida a través de unos brazos. Sus brazos, podría pasarme el día entero envuelta en ellos. Sus manos tienen la medida perfecta para entrelazar mis dedos sobre los suyos. Su pelo, brillante con la luz del sol como mis ojos al verle sonreír. Su risa, la mejor melodía de fondo en este viaje que juntos emprendimos y que pese a las paradas que incitaban a bajarse, he continuado con las ganas de no tener que hacer nunca  la maleta de vuelta. Cada nuevo recorrido me ha hecho aprender, crecer y valorar la esencia de la vida. Apreciar los pequeños detalles como escuchar su respiración mientras mi cabeza descansa sobre su pecho. Como los saltos de alegría al escuchar el timbre sabiendo que él está en tu portal. La alegría de vivir sabiendo que hay alguien con quien disfrutar los buenos momentos y que te apoyará en los malos. Él es el empujón cuando estás a punto de rendirte. El flotador cuando estás ahogada en un mar de lágrimas. El betadine de las heridas. El soporte para no perder el equilibrio. La brújula que me guía. Él mejor compañero de viaje, de vida.

Nos pasamos la vida deseando encontrar al príncipe que nos ponga el zapato que nos falta a las doce de la noche, sin entender que la esencia de la vida está en apreciar tu vida sin nadie que te auxilie para después poder valorar lo diferentes que son los problemas con una mano que te ayude a combatirlos. Y lo más importante no tengas prisas, no esperes nada de la vida, vive el momento, maneja tu barco y navega tan sólo con personas que prefieran ver tu sonrisa a alcanzar el mayor de los tesoros.

Cristina Rodríguez Menéndez

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