Probablemente la peor oda a Madrid

Te miro con los ojos destapados,

Madrid,

entre el miedo y la pereza,

dispuesto a adentrarme de nuevo en ti,

sucia pluvisilva de metal y asfalto.

Condecoras con tu vientre subterráneo

escenas de sudor y de cansancio.

Yo antes te quería.

Cuando no eras una legaña gigante

clavada por debajo del Pirulí.

Yo antes solía quererte.

Cuando no eras un estigma de putrefacción y vicio

en la zona ano-genital del Manzanares.

Quizás dejé de quererte

cuando me rompiste en mil pedazos

las peceras de mis ojos

para llenar de líquido ocular y de lágrimas

el Canal de Isabel II

con el que amamantas a tus abominables criaturas,

que son tan chulas y ridículas,

tan pestilentes y pagadas de sí,

tan asquerosas y crueles

como tú.

Eres el exceso y las escasez

hecha urbe.

Con tu sistema articular

de infraestructuras y cañerías

eres la urbe

hecha cloaca infecta.

El nudo de mi garganta

es una arcada que me trago

para no ensuciarte más,

Madrid,

tumor geo-político del mapa español,

enorme cáncer automovilístico,

cólico socialmente insaciable.

No sé por qué vuelvo a ti,

como cada año.

Quizás es que lo decadente y putrefacto

irradia una cierta atracción

pecaminosa y repugnante.

O, simplemente, es que quizás

me debería haber matriculado

en la Universidad de Murcia.

J A Alcobea

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