Dame más

Van y vienen mis ganas
con las que forjé este mundo.
Vuelan alto las palabras,
y las estrellas por conocer
son el consuelo de todos los mudos.
Se apartaron las risas
y nos dieron calma por incertidumbre.
La noche siguió pensando
con el tic
tac
de los esclavos.
Ansias pasajeras,
mentiras intermitentes,
tenues mentiras que se esfuman
cuando intentamos comprender.
En lo simple encontré mi triunfo
y a ellos me remito,
a los fútiles segundos de explosión y maravilla,
a la tempestad ufana de mi mente
que por reminiscencia busca
una retórica perenne
y una vida… necesitada de emoción.
En la extravagancia la belleza.
En la locura la cordura
y en el absurdo la elegancia.
Y un dios inefable de barro… ¿De pereza?

Nabil Bensebeh

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