El final del viaje

Los surcos de la vida marcan sus manos;

el pelo, si queda, es cano

y los dientes son ajenos.

Achaques y dolencias son su rutina

y una peculiar neblina

cubre su mirar sereno.

Sus relojes avanzan con menos prisa

y el suelo por donde pisan

es menos firme que antaño.

El mundo donde habitan tiene fronteras

y muchos viven o esperan

entre cuartos aledaños.

Sus semanas transcurren sin distinciones,

en constantes vacaciones,

y carentes de cariño.

Los más afortunados pueden valerse

pero muchos deben verse

más dependientes que niños.

Con pocas ilusiones en sus bolsillos

anidan en los tresillos

viendo cómo el tiempo pasa

y haciendo de la tele su compañía

van sucediendo los días

con emociones escasas.

Su mirada se empaña con los recuerdos

y los más y menos cuerdos

tienen tanto que contar…

Y sentados aguardan pacientemente

que aparezca algún oyente

con quien poder conversar.

Resignación y pena en su equipaje

porque el final de este viaje

deja sensación amarga:

el último trayecto no es ningún premio

cuando hacemos que este gremio

se sienta como una carga.

Su presente refleja nuestro futuro

al que es más que seguro

que la mayoría lleguemos.

Y hacer digna y agradable su partida,

tras lo que han hecho en la vida,

es un deber que tenemos.

Marina Pámpanas Yustres

www.mipequenoyoyo.blogspot.com.es

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