Ciencias físicas para el amor

Voy a intentar modelizarte, describir cada uno de tus contoneos de manera rigurosa y exacta para poder saber de qué tratas y como tratarte.

Eres un número irracional. Un mar de cifras y posibilidades para cada nuevo número de los infinitos que te componen. El océano meciendo cada uno de tus pasos. Y yo soy el niño que juega en la orilla, que se cree capaz de recorrer el océano entero con su bote hinchable y sus manguitos de emergencia.

Eres imprevisible. No hay campana de Gauss que funcione contigo. Cuando parece que puedes mostrar un cierto periodo, por largo que sea, pronto cambias de estrategia y empiezas a bailar con otros números. Y te ríes a la cara de quien quiere descubrirte, te ríes en mi cara.

Eres arte. Te exhibes en las obras, al alcance de los ojos, pero no de las manos. Invitas a los aventureros a descubrirte, aun cuando sabes que es imposible. Engalanada en los mejores cuadros, cómo no ibas a ser orgullosa, soberbia, chula, caprichosa. El número más orgulloso del infinito. Estás en lo alto de la Capilla Sixtina, estuviste en la mente y en las manos de Miguel Ángel. Imposible que no se te subiera a la cabeza. Pero debes saber que a mi me puedes dar tregua. Guarda tus cuchillos e invitame a bailar con tus cifras. Que ya sé que eres el arte, así, las cuatro letras que engloban lo que te hace sentir sin poder ponerle palabras. Conozco otra palabra de también cuatro letras que encaja con esa definición, y que también eres. Lo sé porque a mí me hiciste sentir desde el primer día. La magia de tu océano me envuelve desde que me tiré a él sin pensar, armada solo con mi bote y mis manguitos. No voy a dejar de surcarlo, ni puedo ni quiero hacerlo.

Eres impaciente, en ocasiones no dejas el tiempo suficiente y desatas tu furia sobre mi. Mandas tempestades, y yo las capeo como puedo. Me enjuago el sudor, me calo los manguitos y me afano en encontrar pronto el siguiente número de la lista infinita, entre las olas y los truenos. Dame un poco de tregua, pequeño irracional, que no voy a parar de buscarte.

Eres el caos ordenado y el desorden caótico. Una sinfonía de números. Un número que se sabe qué es, pero que no se puede describir… ¿te suena? Otra vez las cuatro letras bailando al son de tu existir. Un laberinto sin salida, en el que, ¿sabe qué?, me perdería una y mil veces más.

Eli Yucatán

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