Por supuesto que existe

De pequeña yo no entendía el amor ¿qué era más que darse un beso asqueroso y repugnante en la boca? .

Recuerdo las vacaciones en casa de mis abuelos  en las que bajábamos al videoclub (benditos sean)  y elegíamos películas para ver todos esa noche, claro  que era difícil ajustarse a los gustos de todos,  y más en esa época que yo tenía predilección por películas de princesas, mi hermano de guerras galácticas y mis padres, bueno, mis padres no tenían más remedio que encontrar una que nos mantuviese felices a los dos.

Recuerdo que en las escenas de las películas en las que salía un chico y una chica con intención de besarse yo me tapaba los ojos mientras representaba con gestos lo asqueroso que me parecía la escena. Pero eso intentaba aparentar a mis padres; no me los tapaba del todo, siempre quedaba una rejilla  en mis pequeñas manos donde miraba la escena e intentaba ponerme ya en la situación  y me iba a dormir pensando si yo sería tan guapa, valiente e inteligente para conseguir siempre al guapo de la película  o si tendría miles de pretendientes  que me volvería  tan tonta y creída  que no me aguantase ni yo. Esas eran mis preocupaciones de esa época, encontrar un príncipe que me mantuviese o yo que sé que cuentos me montaba.

Ahora con veinte años y con el corazón medio roto (digo medio porque todo se cura) me doy cuenta que el amor de las películas se aleja mucho del de la realidad y cuando eres niña te crea faltas expectativas, ya se ha oído hablar del daño que han hecho las películas de Disney y un poco cierto sí que es. Yo he tenido suerte de rodearme de amor increíble durante mi vida y he tenido grandes ejemplos.

Recuerdo a mis abuelos maternos, su forma de mirarse, de cuidarse y de quererse; recuerdo cuando mi abuela falleció y me escondía para  ver  como mi abuelo se acercaba a sus cosas y lloraba. Yo le observaba,  y le preguntaba a mi madre: ¿ mamá por qué llora el yayo?.  En ese momento yo creo que nunca vi a mi abuelo como siempre porque una gran parte de él se fue también.                                                                                                                                                                                                                                                 Más adelante mi madre enfermó, el tratamiento fue duro pero las mujeres de esta familia han mostrado una gran dureza y ella no iba a ser menos, y salió más fuerte que nunca. La enfermedad me pillo en plena adolescencia y en plena tontería, vaya, hablemos claro. Época de enamoramientos absurdos y alisados de pelo. Quién me ha visto y quién me ve. En esa época no me di cuenta de lo que sufrió mi padre, de lo que luchó y de la admiración que tuvo siempre hacia ella. Fue unos años más tarde cuando me fui haciendo consciente de la realidad.

Pero sin duda he perdido el tiempo idealizando un amor que no existe y dejando de ver que el verdadero amor, libre y limpio lo he tenido en mi casa tanto tiempo y  creo que no hay mejor herencia que esto, que llevarme en mi mochila una infancia vivida con personas que  siempre se han demostrado su amor, aun cayendo en la rutina, se han respetado y nunca han coartado la libertad del otro,  regalando su cariño y paciencia.  Siempre estaré agradecida, por esto soy lo que soy ahora, y me hace feliz que sea verdad, que exista.

‘’ESE de Soñadora’’

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