Esta botella que se derrama

Esta botella que se derrama

somos nosotros.

Cuando la fiesta se acaba

sólo quedan los de siempre

escuchando en silencio

la verdad de los días

asumiendo en silencio

la madrugada.

Cuando la fiesta se acaba

ya no queda nada

y entonces queda todo.

Tan puro

que quema.

Tan cierto

que ya es parte de nosotros mismos

y no pesa.

Entre los restos de lo que

instantes atrás

fue júbilo

estamos nosotros.

Malditos supervivientes

bajo los escombros

de este falso telón de fondo.

Respiramos, quizás,

certeza o malestar.

Respiramos el desencanto

que eclipsa los orgasmos y el placer

en esta vid

de frutos insípidos.

En este juego de máscaras internas

la felicidad y su contrario

se alternan entre la verdad y el engaño

incluso a veces son ambas cosas a la vez

coinciden en ser

y no,

tan distintas.

Pecamos de amar con tanta fuerza

que hemos derramado la botella.

Pero este vino nunca se acaba

porque la uva que exprimimos

somos nosotros

y somos eternos

en algunos instantes.

Entre el cadáver de esta fiesta

aún caliente

se me ha quedado marcado en los labios

mi nombre

tan absurdo.

Aún así

-gracias a Dios-

la vida no es una fiesta que nunca acaba

sino que acaba muchas veces

pero siempre vuelve a empezar

cada vez más intensa

cada vez más cierta.

Jose Antonio Alcolea

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