Y no saber a dónde vamos ni de dónde venimos

A veces pienso que soy el protagonista de una cámara oculta.

A veces pienso que todo el mundo está compinchado por detrás, y lo pienso tanto que acabo por entrever la posibilidad de una red clandestina a mis espaldas, que surge con la intención de probarme, de pillarme (y a fuerza de ver la tele, una tele que también podría estar premeditada,) imagino que detrás de todo esto, de esta prueba que se me ha impuesto a modo de vida, hay una recompensa.

He aquí el trasfondo de mis preocupaciones, de mis sospechas. La premeditación, ¿la predestinación de esta vida?  Lo demás son delirios infantiles.

Es un tema muy jugoso pero que no llegaré a resolver en este artículo, principalmente porque no conozco su respuesta y vivo… Sobrevivo de su olvido. Sobrevivimos obviando la vida, aunque hay gente que tiene más capacidad que otra.

Libertad, determinismo, relativismo, escepticismo… Todo depende de la profundidad que le queramos dar al asunto, hasta donde queremos llegar, y otra pregunta que salta en la mayoría de las mentes, aunque es precisamente una de las que más me gusta obviar, ¿hasta dónde es viable obviar para nuestra supervivencia? Para que se entienda: ¿Hasta dónde es práctico ahondar en el asunto para no caer en las paradojas del lenguaje?.

Y sin pretenderlo (aunque parece que hay gente a la que le gusta) acabamos atrapados en una inseguridad de tal veces, en una ausencia de libertad y determinación que nos arrebata la supremacía humana con la que nos autocoronamos en algún momento de la historia.

“Nuestra libertad acaba donde empieza la de los demás”

“No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”(por dios, eso es indiferencia, aunque pensándolo mejor… Y qué si es indiferencia).

Y después vienen Freud, Nietzsche o Darwin y se creen con derecho a insinuarnos, a susurrarnos, que tan solo somos instinto.

A estas alturas es cuando la cabeza empieza a darme vueltas, bueno, más bien empezaba, porque ahora ya desisto al menor síntoma de aglomeramiento indebido de cuestiones inefables a mi persona. Porque eso es lo que soy, una simple persona que pueril como un niño intenta vaciar el mar en un agujero, provisto tan solo con un dedal.

Y no hay porqué encerrarse en un pesimismo relativista y escéptico, en un saber de metáforas y consensos, en un miedo a buscar verdades y encontrar parciales, a encontrar fragmentos de una piedra roseta que sólo nosotros aprendemos a leer. Porque dijo Pablo Coelho, dijo el Alquimista, que todas las cosas son en una, solo hay que aprender a hablar el lenguaje del mundo a medida que realizamos nuestra leyenda personal. Y al principio estos delirios (porque no dejan de ser delirios) me parecían absurdos. Ahora me los tomo más en serio, los exploro y les dedico un tiempo que mi yo escéptico ha negado por estar, ¿demasiado ocupado?.

Maktub, todo está escrito, es una de las herramientas más poderosas para seguir buscando, para continuar viviendo, para creer que esas ansias de ser más, de vivir más te llevarán a algún lado, y que en algún momento, por la inercia de la fuerza de tu esperanza, saldrás de ese eterno retorno heraclitiano.

Le doy la última palabra a José Hierro: ‘después de tanto todo para nada’.

Nabil Bensebeh

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