Musa

Aquella noche negra no había luna, y cuando estaba a punto de amanecer, estalló la tormenta. El viento, feroz, abrió las ventanas de par en par, agitando las cortinas, y haciendo saltar los vidrios rotos por los aires.

Entonces, la joven musa, se acercó sigilosa al artista. Estaba desfallecido sobre la mesa, repleta de papeles, tinteros vacios y plumas. La musa, posó su delicada mano sobre la espalda del artista, que dio un respingo y se despertó.

-Has venido, por fin.

-Me necesitabas.

La camisa y el pantalón del artista estaban manchados de tinta. Tenía el pelo enmarañado, los ojos tristes y cansados, y la tez blanquecina. Por el contrario, la musa, llevaba un hermoso vestido azul, cargado de estrellas, el pelo cubierto de flores y una corona de laureles dorados. Sobre la mesa, había dejado el aulos que portaba en una mano, mientras que en la otra llevaba un gran libro ajado.

El artista, miraba con anhelo a la musa, que le dijo dulcemente:

-Siempre vengo a verte cuando me necesitas. Solo deja que te llegue la inspiración.

La musa dejó caer su mano sobre la mejilla del artista. Este se quedó quieto y cerró los ojos lentamente. La musa, continúo paseando su mano por sus sienes, y terminó el viaje en la frente arrugada del virtuoso.

Entonces, la tormenta cesó, el viento dejó de agitarse, y comenzó a penetrar la luz del sol en la habitación.

El artista abrió los ojos, y se dispuso a crear.

Psique Winchester

www.elblogdepsiquewinchester.wordpress.com

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