A, A de ya te lo diré

Querida tú,

No sé tu nombre ni el color de tu pelo. Si se te aclara en verano o acaba en “a”, “a” de… bueno, ya te lo diré. Tampoco sé cuanto mides, ni cuanto pesas. Si te gustan las pelis de amor o las de miedo. Si eres de las que se emociona con los detalles pequeños o prefieres ir de dura y no dejarte impresionar.

Si eres de las que a veces le da miedo lo que puedan pensar los demás. Si bailas en tu cuarto como una loca cuando piensas que nadie te ve. Y cuando estás triste escuchas una y otra vez la misma canción.

No sé dónde vives. Ni de dónde eres. Si nos hemos cruzado o si nos hemos visto ya. Si quizá nuestras familias han veraneado algún año en el mismo lugar. Quién sabe, este tipo de coincidencias suelen pasar. Pero yo aún no lo sé, porque como te he dicho aún no sé quién eres.

Nadie me ha enseñado una foto tuya, por lo que aún no he podido aprenderme de memoria cada rasgo de tu cara. Tampoco me han dicho si eres la mayor, la pequeña o la del medio. O todas a la vez. Tampoco me han contado cuál es tu comida preferida; pero tranquila, seguro que como a todas las chicas te encantan las ensaladas, y a mi se me dan de lujo.

No sé si eres atrevida, tímida o, simplemente, normal. Rematadamente normal. Como la gran mayoría de los que habitamos este mundo. Si te gusta viajar o pasear por el campo. Si te gusta ir a conciertos y a tomar helado. Playa o piscina. Verano o invierno. Lluvia o sol. O todas. ¿sabes?

Te digo en serio que todo eso me da igual.

No me importa el color de tu pelo si tengo la suerte de poder acariciarlo cada mañana. Y estoy seguro de que tus ojos serán los más bonitos que jamás haya visto, ¿por qué? Porque serán los tuyos. Y, por lo tanto, los míos.

¿Sabes que me importa más?

Que no te creas que estoy en camino. Que se te olvide o que te hagan dudar. Que me dejes de esperar y olvides la promesa que nos hemos hecho aún sin conocernos. Sé que no es sencillo, y menos cuando tú igual que yo, tampoco tienes ni idea de quien soy. Pero no por ello debes dejar de creer.

Que aún no nos hayan presentado no quiere decir que no lo vayan a hacer. No te agobies por cada día que pase sin haberme conocido. Todo lo contrario, es un día más cerca de encontrarnos.

Estate atenta, cualquier día nos podemos cruzar. Yo estoy en camino, preparando la mejor versión de mí.

Porque ¿sabes un secreto?

No sabré tu nombre, lo que estudias, donde vives, ni el color de tu pelo… Pero de una cosa puedo estar seguro: yo estoy hecho para ti. Y, por lo tanto, dedicaré mi vida a hacerte feliz.

 

Pd: “a”, “a” de ya te lo diré

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