Esto no es otra carta motivacional para año nuevo

No, no lo es. El título no es un engaño para que leáis este texto en lugar de los otros miles que rondan hoy por las redes sociales.

He optado por ahorrarme todo eso de las listas de propósitos, nuevas oportunidades y retos, las reflexiones y valoraciones de este año… Porque sé que, como todos los años, es algo que haréis, y porque para mí eso debería ser el día a día. Me he ahorrado esas palabras para darle algo más de espacio a un consejo, un consejo que me gustaría daros, no solo para año nuevo, no solo para el 2016, sino para todo lo que os queda de vida, para este y todos los años que os queden. Quería aconsejaros, recomendaros, por vuestro bien, por el bien de los que le rodean y, poniéndome más trascendental, por el bien de la humanidad, que pidáis perdón y perdonéis.

– “Menudo topicazo”

– “Tanta vuelta para esto”

– “Ni que no lo supiéramos…”

Sí, sí, la teoría la tenemos todos clara, pero yo quería daros este consejo después de haberlo puesto en práctica. Este año, sobre todo los últimos meses, me he dedicado a perdonarme, a perdonar y a pedir perdón, y os puedo asegurar que estoy orgullosa de ello y asombrada por los resultados y el cambio que ha generado en mi vida.

Como os lo digo, señores y señoras, hay que perdonar y hay que saber pedir perdón.

¿Cuántos de vosotros habéis perdido personas importantes este año (o en algún momento de vuestra vida)? ¿Cuántos habéis puesto el orgullo por delante de otras cosas? ¿Cuántos os sentís u os habéis sentido en algún momento mal con vosotros mismos por no haber sido capaces de perdonar o pedir perdón? Yo, levanto la mano.

Perdonad, empezad por perdonaros a vosotros mismos y después pedid perdón a los demás. Pedid perdón, porque no siempre se tiene esa oportunidad, así que cuando alguien os la dé, aprovechadla.

Perdonad, porque no todo aquel que te hace daño es capaz de pedir perdón, y si lo hace, podéis estar seguros de que a esa persona le importáis.

Perdonad, porque el perdón nace como consecuencia de un error, y ¿cuántos de nosotros hemos cometido errores alguna vez? Como bien sabéis, nadie es perfecto, todos nos equivocamos, todos tenemos defectos.

Por eso, con más motivo, perdonad, porque cuando no perdonáis, estáis condenando a otros por no ser perfectos, y os estáis condenando a vosotros mismos a vivir odio.

Perdonad porque, perdonando, le estáis dando a las otras personas la oportunidad de ser mejor, y estáis confirmando que vosotros queréis ser mejores.

Que el rencor no amedrente nuestra preciosa capacidad de amar.

Esta noche, no bebáis, inhalad; no brindéis con champán, fumad la pipa de la paz.

Por un año de amnistía, feliz 2016.

 

Eva Cristina Pérez García

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