Echarte de menos nunca estuvo de más

Ni siquiera puedo culparte por no quererme;
o por quererme y no elegirme;
o por elegirme y no besarme.
Cómo voy a culparte de algo de lo que yo también huiría.
Que vida, sólo hay una.
Y la belleza está en la sencillez,
En la tranquilidad,
y en el bienestar de levantarte sabiendo lo que te depara el día.
Lo entiendo, yo tampoco me habría enamorado de alguien como yo,
O sí.
Tampoco te considero tan diferente a mí,
Por eso me duelen tus miradas a otras manos.
Tú vuelas por debajo del cielo,
Y yo prefiero hacerlo por encima de las flores;
Porque el temor no te conoce,
Y no crees que llegue el día en que una azucena deje de ser el mar por la noche.
Porque tú te vas, pero una mano la dejas en los sitios donde has sido feliz;
Porque yo me alejo, pero el corazón lo dejo en la caja torácica donde fui feliz.
Me gustaría que te pasara lo mismo que a mí, y que cada vez que imaginaras tu vida sin mí,
Todas las escenas donde nos partimos de risa pasaran por enfrente tuya,
Como una especie de muerte,
Cuando ves pasar tu vida,
Porque al fin y al cabo,
Si te tengo que ser sincera, amor, para mí,
No hay peor muerte que pensar que podrías no haber existido.
Tú, tirándote de cabeza desde un acantilado;
Yo, lanzándome a tus brazos en cualquier precipicio.
Muchas veces ni siquiera sé lo que digo o lo que quiero decir realmente.
Pero bueno, supongo que es un estúpido intento inútil de explicar algo que desde que te vi supe que no tenía explicación.
Así que, recuérdame, o recuérdalo:
que te quiero.
Aunque suene frágil.
Yo también lo parecía
Y nadie ha podido conmigo, con nosotros.
No me olvides,
no huyas,
te juro que lo raro también tiene belleza,
te prometo que la encontrarás en el laberinto que tengo por mirada,
te juro que ya tienes en el bolsillo de tus vaqueros la llave de mi vida,
te prometo que no quiero
jamás
A nadie
Que se cuele en mi cabeza, y en mi corazón,
A nadie que no dibuje medias sonrisas cuando me mira,
A nadie que no tenga una constelación en lo alto de su espalda,
A nadie que no sepa traerme la paz con una llamada telefónica,
A nadie que no me bese como si no hubiera mundo más allá de nuestras bocas,
A nadie, cariño, me niego.

 

Soledad Sánchez 

@soledadcontigo

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