Bucle de sentimientos

Muchas veces los planes no salen como uno se espera. Acabar la carrera y buscar nuevas aventuras, lejos de la que, desde hace cuatro años, ha sido tu casa. Sabiendo lo que ello supone por propia experiencia ya vivida. Despidiéndote de gente que no sabes si volverás a ver algún día y que tanto te han aportado.

Pues ahí estaba yo, pensando que todo aquello a mí no me iba a afectar, que era lo suficientemente maduro y responsable para saber lo que quería en la vida, sin embargo, todo dio un giro de 180º en dos horas. Dos horas de viaje de vuelta a mi hogar llorando tras despedirme de mi mejor amiga, sin saber qué me estaba sucediendo, preguntándome porque se me había hecho un nudo en el estómago. Pero lo comprendí pocos días después. Aquella persona con la que llevaba meses distante sin saber de ella pero que eras consciente de que siempre estaba ahí, a escasos metros de mi apartamento, y pudiendo hacerla una visita cuando quisiera.

Tal vez fue ese último abrazo, aquella última despedida, cuando la miré a los ojos y comprendí que había sido un idiota. Que cuando me decía de quedar le contestaba que estaba cansado, que cuando me proponía una peli, no tenía ganas de ir, y todo, porque la tenía ahí. Ahora, a cientos de kilómetros de distancia, me arrepiento cada minuto de no haber pasado más tiempo con ella, de no haberla propuesto hacer cosas juntos cuando estábamos cerca, con la única necesidad, aunque fuera, de estar más a su lado.

Pasaban los días y no conseguía quitármela de la cabeza, dos polos opuestos que habían conectado desde el primer día a la perfección, como si de dos imanes se tratase. Con una química digna de admiración. Algo inexplicable para mí pero que me robaba las horas, incapaz de concentrarme en lo que desde hacía meses estaba entre mis objetivos, y que iba a determinar mi futuro. Miraba cada poco tiempo el móvil para ver si me había escrito, iluminándoseme la cara como cuando le regalas a un niño su juguete favorito, aunque fuese para decir cualquier chorrada, pero en parte teniendo la esperanza de que se acordaría de mí.

Ese fue el miedo que más me atormentaba, pensar que se olvidaría de aquella persona con la que tanto había compartido, y sobre todo, con la que tanto había discrepado. Aquella que únicamente la decía las cosas de verdad como las sentía, aunque no la agradasen y se enfadara. Pero la que, a la larga, me daba la razón, confiando en que todo lo que le decía era por su bien, aun sabiendo que le hacía daño y lo pasaba mal.

Ese mismo miedo que me produjo a mí el decírselo, explicarle todo lo que me estaba sucediendo, comprendiendo a su vez las consecuencias que eso podría acarrear. Pero la vida es eso, y es un error aprendido el no hacerlo, hay que echarle un par para explicar las cosas que sentimos a la única persona especial para nosotros. Al fin y al cabo siempre se ha dicho, arriesgar es la única opción para saber lo que por temor al rechazo no fuiste los suficientemente valiente de afrontar.

El verano pasa entre cuatro paredes, y mi vida se desvanece con su recuerdo. Sin apoyo, sin calor humano, cansado de oír la típica de “ya encontrarás a otra, eres joven aún, será por mujeres en el mundo…”. Pero sin que comprendan que yo la quiero a ella, a mi polo opuesto, a aquella capaz de hacerme olvidar de los problemas, la que me hipnotiza simplemente con su risa cuando escucho su voz por medio de una grabación. La única que me desordena todos mis esquemas y me pone la piel de gallina con el suave tacto de sus manos. Simplemente, la quiero a ella.

Amigos, la vida ya es lo suficientemente complicada como para andarse con rodeos, no tengáis miedo a querer a una persona y decírselo a la cara, a demostrarle todo lo que la necesitáis porque has descubierto que sin ella tu vida carece de sentido, a abrazarla hasta quedarte sin fuerzas cuando no sea su mejor día, a darle las buenas noches con el mayor de los cariños, y a ser el primero en desearle los buenos días. Porque quizás…, aunque los planes no salen como uno espera, y sólo pueda verte como un amigo…, tú serás el primero en demostrarle, tu bucle de sentimientos.

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2 pensamientos en “Bucle de sentimientos

  1. Me he sentido bastante identificada, pues sentí algo parecido la primera vez que pasé una temporada fuera de casa. La distancia siempre nos ayuda a saber a quién necesitamos realmente y darnos cuenta de lo tontos que hemos sido al no pasar más tiempo con esas personas a las que tanto queremos.
    Muchas gracias por la magia que consigues transmitir a través de tus palabras, calas hondo hasta las entrañas y eso es muy complicado hoy en día.
    ¡Un abrazo! <3

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