La primera vez que nos vimos: parte I

PARTE I

Ahí estabas. Acurrucado en tu nido sin saber que detrás del cristal, estaba yo. No pude hacer otra cosa que mirarte. Mirarte y sentir que en mi corazón algo abría paso para instalarse dentro de él. Es algo demasiado grande como para que lo entiendas ahora, demasiado difícil de explicar. Me costó dejar de mirarte, de hecho no lo hice hasta que me interrumpieron. Mientras tanto, yo seguía ahí, detrás de aquel maldito cristal que nos separaba. Pero dentro estabas tú, y abriste los ojos. Te di las gracias por llegar a este mundo, por darme una razón por la que ser, por la que luchar por un mundo mejor. Por ti. Nunca dejé de hacerlo, nunca.

Tus ojos se detuvieron en mí por casualidad, y lo aprovechaste para darme todas las razones que me faltaban para no moverme de tu lado hasta que tuvieras la edad para agradecerlo. Y es que pareció que me diste las gracias por anticipado por todo lo que haría por ti, por espantarte todos tus demonios, y por enseñarte a luchar contra ellos.

Un agradecimiento que hoy va de vuelta, porque llenaste ese hueco en mi corazón, y porque le diste sentido a todo.

 

Antonio Delgado Durán

 

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