Panem et circenses

La expresión «pan y circo» es por todos conocida, y empleada peyorativamente, para describir la actitud de una nación frente a las actividades controvertidas por parte de los gobernantes, manteniéndose así su significado después de más de 2100 años. Alrededor de año 100 A.D. el poeta romano Juvenal, en su Sátira X, lo empleó por primera vez como crítica al olvido del pueblo romano de ejercer su derecho, por nacimiento, a la política. Este relegar por parte de la mayoría de los romanos vino dado a que emperadores como Julio César, repartían el trigo entre su gente y los distraía con distintos entretenimientos, para así satisfacer sus necesidades básicas e instar a que se olviden de necesidades más elevadas.

Es comprensible que después de tanto tiempo pensemos que no sea posible que algo así siga sucediendo, por un lado, sería un insulto a nuestra inteligencia debido al gran avance que hemos tenido desde aquella época de ‘’Arena y Sangre’’, y por otro, una imposibilidad debido a la gran cantidad de medios que cubren todo lo que está sucediendo en alrededor del globo. Pero la realidad es muy diferente: no hemos evolucionado ‘’tanto’’, este término suele llevar cientos de miles de años para considerar que haya un cambio, seguimos siendo animales que buscamos satisfacer nuestras necesidades básicas.

Sin embargo, actualmente, la expresión comentada en un principio si ha sufrido su modificación. En el «Pan y circo» el pan ha pasado a un segundo plano, inexistente para muchos ciudadanos de este país; y el circo, se ha vuelto un espectáculo mediático seleccionado por unos pocos interesados.

De esta manera la idea de entretenimiento específico ha pasado a usarse como tapadera de posibles noticias que mancharían el “buen nombre’’ de los dirigentes del gobierno y asociados, todo ello eclipsado con noticias que dejan a un lado la mala praxis de los mismos. Lo peor de todo es que el segundo plano al que ha sido relegado el pan de la locución está por debajo del circo. Manifestándose así en la importancia que se le da a la vida privada de jefes de estado, en vez de focalizar las noticias en su manera de ejercer el poder, minimizando así otros temas relevantes: la imposibilidad de encontrar un sustento, debido a la precariedad del empleo que se genera o los recortes en sueldos y pensiones, que impiden obtener ese pan que ya ni el mismo gobierno se digna a ofrecer como los antiguos romanos.

Pablo Rubens

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