¿Dónde está el límite?

Esta semana nuestros compañeros mencionaron el experimento que Stanley Milgram llevó a cabo para poder darle algún sentido a la obediencia ciega hacia un superior en determinados casos. Con el fin de analizar más patrones de comportamiento y obediencia, nos hemos fijado en el film realizado en 2015 y basado en el experimento que Philip Zimbardo desarrolló en la Universidad de Stanford. En este experimento, unos estudiantes se presentaron voluntarios para cumplir los respectivos roles de presos y guardias dentro de una cárcel ficticia.

En esta película, nos fijamos en elementos de la propia historia más que en su realización. Las actuaciones, las expresiones mostradas por los actores, las emociones que son capaces de transmitir en un ambiente así. Ezra Miller, Tye Sheridan y Michael Angarano son las grandes caras del film y dejan unas actuaciones muy recomendables de ver.

Desde el comienzo del film ya imaginamos que algo así no podrá terminar bien. Así que nos atrae desde el principio, porque nos preguntamos, ¿qué va a pasar? ¿cómo se va a destruir todo?

Y es que vamos sintiendo a medida que avanza el cautiverio que, dentro de una prisión, se llegan a despojar de la propia personalidad. Poco a poco, los guardias, sin un respectivo sistema de control, van humillando, provocando y alterando el orden mental de los prisioneros por el mero hecho de ser la autoridad. Nadie responde ante ellos (prácticamente) y son capaces de casi todo para demostrar quién manda.

Esta película nos muestra con gran precisión la forma en la que una persona se puede convertir en el ser que más llegaría a odiar. Todo ello porque no existe nadie que les lleve la contraria. Esto nos hace pensar mientras vemos el film: ¿hasta qué punto seríamos capaces de resistir?, en el caso de los presos, claramente.

Pero, ¿y si nos pasamos al lado de los guardias? ¿seríamos igual? No lo sabemos, porque no estamos allí. Pero, gracias a lo que vemos, lo podemos llegar a sentir en cierta medida.

No quiero desvelar mucho más del film y el experimento en sí mismo, porque es una experiencia que, desde mi punto de vista, es mejor ver. Las emociones mostradas y la forma en la que se analiza todo dentro de la película la convierten en mi recomendación de la semana.

Así que no dudéis. Adentraros en la prisión de Stanford para descubrir de lo que puede ser capaz el ser humano en tan solo seis días de experimento.

Bienve Fajardo

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