Las amapolas de la destrucción

En los campos de Flandes

En los campos de Flandes se agitan las amapolas
entre las cruces, hilera sobre hilera,
que marcan nuestra morada, y en el cielo
cantan valientes las alondras, en vuelo
silencioso entre los fusiles allá abajo.
Somos los muertos; hace pocos días
vivíamos, caíamos, contemplábamos la luz del amanecer;
amábamos y éramos amados, ¡y ahora yacemos
en los campos de Flandes!
Proseguid la lucha con el enemigo:
Os arrojamos, con nuestras manos exangües,
la antorcha; que sea vuestra y la alcéis.
Si perdéis la fe en nosotros, los muertos,
¡no podremos dormir, aunque crezcan las amapolas
En los campos de Flandes!

 

Así el médico y poeta canadiense John McCrae (1872 – 1918), deja constancia de la impotencia del ser humano frente a la destrucción de la guerra. La muerte de su amigo Alexis Helmer, le llevó a escribir este poema un 3 de mayo de 1915 -plena I Guerra Mundial-, para conmemorar a todos los caídos en la conocida como la Gran Guerra y perpetuar el símbolo, que aún perdura, de todos los fallecidos en las grandes guerras: las amapolas.

En cuanto a la simbología, las alondras muestran con su canto una plegaria que reclama el cese de los fusiles, mientras que su vuelo connota la ascensión, a un plano superior, de los caídos ahora silenciados, que dejan atrás todo un infierno desatado. McCrae les pone voz y se incluye entre ellos -la pena de la muerte de su amigo le invade-, manifestando que lo perdido no es la persona, sino todo lo que pudo haber sido y ha dejado de ser, por la muerte o la contaminación de la lucha. De esta manera cede el testigo a las futuras generaciones, usando la antorcha -la luz, la razón- como metáfora de aquello capaz de apartar la oscuridad de los conflictos armados.

Para terminar, el poeta manifiesta que no debemos olvidar la tragedia, a través de las amapolas, y esto puede deberse a una doble razón: su simbología de belleza y fragilidad -la paz y que fácil es su destrucción- o por la estampa que recrean las propias flores en los verdes campos de la región flamenca, que puede evocar a la sangre derramada en aquella misma tierra. Al mismo tiempo, todo este poema/memorándum para evitar la recreación de tanta devastación del propio ser humano, así como su capacidad de insensibilización frente a la injusticia y el sinsentido de todo conflicto bélico, que parece que en nuestros días seguimos sin aprender.

Pablo Rubens

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1 comentario en “Las amapolas de la destrucción”

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