El astrónomo

Descubrí a Whitman cuando tenía seis años. Y lo descubrí un poco por accidente. Un día cualquiera llegué a casa y vi cómo, encima de mi cama, mi madre (si a alguien le debo mi pasión por la literatura es, sin duda, a ella) me había dejado un álbum ilustrado que llevaba por título L’astrònom [El astrónomo]. Poco sabía yo que lo que tenía entre manos no era ni más ni menos que la versión catalana del poema When I heard the learn’d astronomer, como tampoco sabía que estos versos me acompañarían toda mi vida.
Lectora, lector, te ruego que antes de seguir con mi artículo, te detengas a (re)leer aquí el poema.

* * *

Considero el hecho de la formación personal una parte fundamental de mi profesión (me dedico a la enseñanza). Gran parte de mi tiempo lo dedico no a dar clases sino a leer artículos, asistir a conferencias, charlar con toda aquella persona cuya experiencia me pueda guiar… Y sobre esto quiero hablar hoy.
Nuestro tiempo es el tiempo del paso ágil. Nos movemos rápido. A veces avanzamos, a veces retrocedemos; la cuestión es que hemos olvidado todo aquello que tenga a ver con la pausa. Y la esfera educativa no se salva de esta cinética compulsiva que tan nuestra nos la hemos hecho.
“Escuela inclusiva”, “transformación pedagógica”, “disrupción académica”… Estoy convencido de que los educadores del futuro verán nuestra época con una franca mirada de asombro. Estamos rompiendo patrones de conducta, estamos renovando idearios obsoletos, estamos redefiniendo los límites de la educación… Tan ocupados estamos haciendo cosas que me da la impresión de que ya no tenemos tiempo de preguntarnos qué es lo que estamos haciendo.
Muchísimos son ya los coloquios sobre la escuela inclusiva y la transformación educativa a los que he asistido. Y he visto gráficos. He visto estudios. He visto discursos, monólogos conmovedores, datos, esquemas, leyes, bibliografías, decretos, slogans… Pero no he visto a un solo niño. No he visto a una sola estudiante.
Comentaba con un amigo, bromeando, cuán irónicos son las conferencias sobre la innovación educativa. Entre risas, le preguntaba cómo debía entender la innovación como algo novedoso si con las condiciones laborales y los recursos de los que “gozamos” los profesionales de la enseñanza, estamos obligados desde hace tiempo a “innovar” si no queremos dar una clase que se caiga a trozos.
Pero cuando estoy sentado en una butaca acolchada de un auditorio, cuando veo congresos con el título La escuela no es para ti sin ningún alumno que de voz a los que más la necesitan, cuando veo que los debates no se centran en pensar sobre qué nos sucede sino, más bien, a la propia vanagloria sobre las mejoras ya realizadas, ya no me da risa. Me causa una tristeza profunda. Por eso, hay veces que, quizás por impotencia, quizás por un impulso antiguo, me levanto, me voy a la calle y

en l’aire màgic de la nit càlida;
de tant en tant,
enmig d’un silenci perfecte,
alço el cap per a mirar les estrelles

[en el aire mágico de la noche cálida;
de vez en vez,
en medio de un silencio perfecto,
alzo la cabeza para mirar las estrellas.]

Pol R Vouillamoz

@polrvg

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