Es culpa nuestra

Nos creemos independientes de nuestras ideas que se tornan tambaleantes al ignorar su dimensión humana, una etiqueta más en la que nos hemos fraccionado. Y a base de partirnos estamos haciendo pedazos a la humanidad. Somos un todo, sólo uno, cada uno, dentro del mismo saco. Somos mente , somos cuerpo, y somos la unión de ambos y muchas más cosas.  

Creamos modelos para poder predecir comportamientos, y al final tomamos más verdaderos esos modelos que a la propia naturaleza, con todo lo que obviamos de ella para que pueda ser estudiable con nuestra lógica. Y nada se puede salir de nuestra lógica, porque se teme lo desconocido, porque no sabríamos cómo actuar si representase un peligro para nuestra continuidad vital. 

 ¿Y por qué luchamos por la continuidad vital?  

Porque es lo único que tenemos, lo más valioso.  

¿Y por qué lo queremos tener?  

Porque si no lo tuviésemos no tendríamos nada. Damos por hecho a partir de aquí que algo es mejor que la nada, para no seguir divagando y esforzándonos por estirar la lógica. 

El otro día me impactó una reflexión del ex presidente de Uruguay recalcando la mediocridad creciente del mundo actual. Tras un silencio sentenciaba con:”¿Habremos llegado al límite de nuestras capacidades?”. En lo que se refiere a la humanidad. 

Es lo que estamos notando hoy en día. Vivimos en una realidad edulcorada cuyas reglas van adaptándose a gusto de los poderosos, con el fin de ser los más irreales de esta irrealidad, habiendo sido abducidos por su propia mentira.  

Con permiso de los economistas utilizaré una idea que me parece idónea como alegoría de nuestra situación. La ley de rendimientos marginales decrecientes. Nos ha ido tan bien como especie, hemos escalado tanto a fin de superar la barrera natural , que ahora hemos vuelto a caer catastróficamente en ella, abriendo los ojos y dándonos cuenta de que nunca hemos salido de esta.  

¿Y por qué esa necesidad de sentirse especiales? Para tener más posibilidades de superar todo aquello que nos asemeja a la naturaleza. Entre otras cosas, el fin de la vida. 

Retomando a Mujica e intentando desenredar este lío impuesto a fin de no querer obviar nada, porque todo es en uno; nuestra mediocridad, me atrevería a decir, procede del abandono vital, de ese nihilismo que nunca conseguimos superar (en el que estamos más metidos que nunca). Es la consecuencia de estar inadaptados ante el desarrollo de una parte de nosotros. Nos hemos centrado en una dimensión de nuestra persona, tal vez por ser la más tangible, y la inercia de la velocidad relativa nos desgarra. 

Nabil

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