Basura

El cartel es bien grande. En el que dice que no pueden entrar perros a esta playa. Es un cruce de pastor alemán y mastín el que se revuelca en el agua; echa una carrera a unas gaviotas y llega a la entrada, a escasos metros de su dueño, donde se cisca a gusto. El chorizo se ve hasta por satélite, pero el tipo no hace ademán de recoger una mierda, nunca mejor dicho. Vuelve a su coche con el perro. Imagino que a por alguna bolsa, dándole el beneficio de la duda. Nanay: vuelve con una correa para el bicho. La plasta sigue al sol. Unos minutos más tarde, sale un surfista del agua. Alto y fuerte, con aparatosos pendientes en las orejas. Lo reconozco: es el mismo al que vi abofetear a su hija por retrasar su entrada al agua dos horas antes. La niña tardaba en salir del coche y «se lo estaba buscando». Se dirige a las duchas. A la vuelta, enfila la mierda del perro. Qué poético sería, pienso, que la pisara bien pisada. Pero la realidad no es una peli de Hollywood. Esquiva el zurullo y vuelve con su familia. El excremento sigue al sol en esta playa de arena fina, una maravilla de la naturaleza a la que el mar se asoma cargado de plásticos.

No es un caso aislado. De vuelta por el barrio, veo cartones en el suelo, envoltorios, pipas, esquinas con olor a pis. En serio lo digo: una vez vi a unos tipos salir de un bar para ir a otro a unos cien metros, y se mearon por el camino. Los chavales dan patadas a un balón sorteando mierdas de perro y cristales. En algo hemos mejorado, me digo, recordando que en mi época esquivábamos jeringuillas. Una tipa tira su cigarro encendido al lado del parque infantil. Hay muchas chustas por allí. De porros también. Los bebés van encontrándolas, gateando por la arena. Las cogen y te las enseñan como si fueran un trofeo. Un abuelo, al fondo, suelta un gapo después de hacer sonar su garganta como un cuervo enfermo. Al otro lado, un grupo de borrachos juega a ver quién tira la litrona vacía más lejos antes de abrir la siguiente. De los tapones ni hablamos. Chicles pegados en zapatos. Las heces de los caballos de la Policía. No sé quién se encargará de multar eso, por cierto. Los folletos publicitarios de las putas. ¿Hasta qué punto se pueden dejar octavillas de señoras en pelotas en los parabrisas? Basura por todas partes… y a nadie parece importarle.

Hay una delgada línea entre el yo y el nosotros. Entre el «lo tiro al suelo porque es mío» y el «¡cuidado!, esto es de todos». Algunos quieren vivir en casa solos mientras mamá les hace la colada y les barre el suelo. Me los imagino en sus casas, tirando latas en el pasillo. Y a sus compañeros de piso dejándolo estar, por qué no decirlo. Después culpan a los servicios de limpieza: «Que lo recojan, es su trabajo», braman. Para eso son sus impuestos, para tener impunidad. Son los que le echan la culpa de todo al presidente y al seleccionador de fútbol. Con ellos no va nada, claro. Se limitan a llorar sus penas bebiendo y a tirar las botellas al suelo, para luego reclamar limpieza. Limpieza sí que hace falta. Pero no la pidas, no preguntes. Ponte los guantes y saca la escoba: no puede haber sociedad que valga la pena si las calles están llenas de basura.

Johan

http://www.johancladheart.com

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1 comentario en “Basura”

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