Curémonos y cuidaremos el planeta

Os invito a reflexionar mirando a través de un catalejo de palabras que dejan entrever algunas pinceladas de la sociedad que habitamos:

“La humanidad está gravemente enferma de egoísmo y de poder. El hombre cree que ha alcanzado la cima del conocimiento, que es el amo y el controlador supremo de los fenómenos más inexplicables de la naturaleza y del universo.” (Battaglia, 2003, p.78).

A través de esta cita podemos leer entre líneas un breve, pero explícito recorrido que genera una sensación similar a la de asomarse por las grietas de nuestro interactuar con el mundo. El androcentrismo, latente en la atmósfera de nuestros días, contiene de manera inherente un carácter egocéntrico que nos contamina como sociedad y va pudriéndonos, paulatinamente, en todos los sentidos.

El androcentrismo bien podría ser un elemento clave en la enfermedad de la humanidad: sitúa al hombre como sujeto principal a través del que gira todo lo demás, conjugando nuestro tiempo siempre en primera persona y teniendo como consecuencia radical un espacio echado a perder. Espacio que nos da la vida, por el cual deberíamos tener la máxima de cuidarlo y respetarlo con todo nuestro empeño y sensibilidad. Pero, en lugar de ello, y en cuanto al vínculo que mantenemos con el medio ambiente, somos responsables de una relación tóxica que sostiene ese protagonismo de nuestra especie por encima de todas las cosas y, por lo tanto, descuida aspectos que deberían ser vitales.

Priorizamos nuestras necesidades humanas, o lo que hemos adoptado como necesidades sin serlo realmente, por encima de nuestras responsabilidades como parte del conjunto. De este modo, no somos conscientes de que esta cadena no funciona si no respondemos de una manera igualitaria, sin establecer jerarquías y dándole la importancia que realmente merece al cuidado del medio que nos rodea. Se trata de otorgar preponderancia al desarrollo sostenible, cuya relevancia reside en que nuestro desarrollo como especie en el momento presente no comprometa a generaciones futuras.

No es tarde para concienciarnos y concienciar a las personas que están a nuestro alrededor. En muchas ocasiones, es necesario hacer una reflexión donde apremie una disposición de humildad y agradecimiento que nos permita tomar consciencia de nuestra responsabilidad como agentes de cambio.

Adquirir esta toma de conciencia es un acto que va acompañado de una actitud proactiva con la conservación del medio y, cabe señalar que es preciso no olvidarnos de algo básico: somos animales con un instinto apagado. Nuestra sociedad ha generado unas necesidades que, en la mayoría de los casos, son producto de esta era consumista y materialista, dejando en un segundo plano esa materia prima que nos mantiene en un contacto íntimo con el medio.

Vislumbrar a través de la reflexión requiere de una pausa que nos permita juzgar nuestros propios actos y, una vez logrado ese despertar, permanecer con la alarma encendida siempre sobre como nuestro paso por el planeta puede dejar de ser nocivo para transformarlo en algo enriquecedor.

Todo esto solo puede llevarse a cabo mediante una óptica que contemple compromiso, sacrificio y deconstrucción de todas las actitudes arraigadas hasta el momento, las cuales no hacen más que contribuir a mantener enfermo el planeta.

Quizás hoy puede ser un buen día para comenzar nuestro compromiso real, ¿comenzamos a curarnos para poder cuidar del planeta?

Mª Ángeles Serrano Romero

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