El eco de nuestros pasos

Yo

que de los matorrales

verdes árboles juntos,

llego al turbio ajetreo

de la ciudad marchosa,

de los perros con bozales,

de los grises arbustos

sobre las aceras rojas.

Yo

que desde niño inocente

que disfruta corriendo,

ahora ni siquiera entiendo la prisa,

la amarga mirada penitente.

Y de repente se pone verde.

Un autobús se alarga

(azul)

y quiebra una calle plagada de escarabajos

de hierro y plata.

Los balcones cerrados,

desinteresados de la angustiosa

Rue d’asfalto.

Cansados del monótono motor

de combustión silenciosa

de lenta rueda peligrosa

y un insípido color.

Las gárgolas blancas

en la tarde tornan grises,

el humo asciende a sus narices

… Extienden sus alas.

Él se ha hecho vegano transitorio

de hamburguesa enriquecida

de Green cola y más ecos,

que ayuden a salvar la vida

de los osos lazarillos.

Enredado en sus cables

mira por el hueco

el cielo azul de su infancia.

Hoy de nuevo está nublado

y los carteles de colores centellean incansables

cegando a las personas y guiando a los borrachos.

El árbol que se deshoja

en tristes pétalos de mica

tiene fuera las raíces

para poder respirar.

Nabil

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