Mar Menor, Mal Mayor

Nací en Santiago de la Ribera (Murcia), una tarde de Agosto de 1992 en el antiguo hospital Los Arcos, a menos de 100 metros de la orilla del Mar Menor. Siempre he sentido una atracción por el mar, y aunque la laguna salada más grande de Europa no sea un gran mar, es mi mar. Es mi hogar. Con respecto a esto, es muy triste ver como se destruye tu hogar con el paso del tiempo. Sin embargo, es más triste darte cuenta de que has visto su colapso a lo largo de los años y te has dado cuenta demasiado tarde.

Si hago memoria, mis primeros recuerdos relacionados con el mar me hacen ver un mundo que, ante los ojos de un niño, no se veía en decadencia. Recuerdo los pequeños bancos de mújoles a los que con inocencia tiraba el pan que robaba de las mesas de los restaurantes de la zona. Recuerdo ver a mi hermano pescarlos. El agua más clara y limpia, con un fondo cuyos colores pasaban del blanco al marrón, del verde al azul. Zonas atestadas de mejillones, medusas, peces, algas e incluso caballitos de mar. Hace 20 años de esto. La última vez que vi un caballito de mar en las costas de Santiago de la Ribera fue hace 10 años, estaba sobre un embarcadero olvidado, disecado por el tiempo.

Actualmente, el fondo marino se ha convertido en una especie de fango viscoso, en el que ya sólo habitan las famosas liebres de mar, babosas que prosperan en medios hipersalinos  y soportan los cambios de temperatura. Este medio ha ayudado a la proliferación de algas microscópicas que han favorecido la eutrofización, volviendo más opaco el agua, impidiendo que llegue la luz al fondo y asfixiando la vida en este viejo paraíso. La sensación del tacto del agua provoca que miles de bañistas se lo piensen antes de entrar por completo y, al menos entre las personas más cercanas a mi generación, hay un sentimiento de repulsión hacia sumergirse en esas aguas.

Por suerte –algo tardía-, el Mar Menor se encuentra en el punto de mira del nuevo Gobierno central, debido a las demandas requeridas por Europa de mejorar el estado actual de la zona. Recientemente se ha puesto de manifiesto más de 12.000 hectáreas de cultivos de regadío ilegales, esto lleva generando un aumento de nutrientes en el terreno, que tras su filtración por el suelo llega hasta las costas empeorando la condición ya existente, convirtiendo la laguna en una especie de sopa verde. El turismo y los vertidos de muchos deshechos, sólo han servido para empeorar la situación, que pone de manifiesto la actitud del hombre frente a la naturaleza.

Por un lado, tengo cierta esperanza, ya que el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente ha propuesto un plan de ‘vertido cero’ para solventar el problema que afecta a esta zona. Por otro lado no tengo mucha expectativa en volver a ver mi mar, tal y como lo pude disfrutar cuando era pequeño. Pero espero que las generaciones del futuro tengan la oportunidad de vivir, con la misma inocencia, experiencias parecidas a la mía. Demostrándose que el ser humano tiene la capacidad de rectificar sus errores y salvar aquello que ha destruido.

Pablo Rubens

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1 comentario en “Mar Menor, Mal Mayor”

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