Las muñecas de trapo

Los juegos de mesa y las escaleras de cartón. Las bragas con lacitos, con calcetines, sin sexo. Las faldas con olor a naftalina y los cuellos con marcas de amor. Los humos de noche. Los coches irascibles de destinos. La suerte del viento en las playas escondidas. El olor a césped, a noches de verano. Los cigarrillos enriquecidos y los idiomas imposibles. Lo imposible de lo nuestro. Y la culpa.

Los nervios del día siguiente… sin tele. La mar, rosa. El frío de las 6 de la mañana. Los rayos de sol para no molestar. El olor a besos en la punta de los dedos. Las luciérnagas diurnas y las tardes en el parque, en los bancos de costado. Las cartas extranjeras, los sellos de mentira, las mentiras inmiscibles. El ruido de tu vientre. El amor, la comida…  Los labios… los sustos y los labios. El sexo con calcetines. Los semáforos, los ascensores, los parques… de nuevo. Las galletas saladas, el mar, de pasada… y nuestro primer viaje en bus siendo niños. Los chicles de melón, el azúcar a tu lado. La luna que no espera. El llamarte nosotros. El esperar, por mí, que yo lo hiciera todo. La prisa por sentir. Vaciar la vista y quedarte callado… con las preguntas, con el teléfono colgado.

Nabil

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