Amores posesivos

Amores posesivos llenos de celos y complejos. Son muchas las historias que pueden ser catalogadas gracias a esta frase y demasiadas las que ocurren en las películas. Siempre va a haber un personaje que odie al protagonista por robarle a la chica y que elija intentar separarlos a como dé lugar.

Dos historias casi iguales pero con distintos personajes parecen salidas de la misma cabeza. Podría decirse que reflejan ciertos pensamientos y testimonios de desamores, deformidades y posibles sufrimientos consecutivos. Si al drama le sumamos música, tenemos por resultado un culebrón donde el amor debe hacerse paso si realmente quiere triunfar.

El fantasma de la ópera retrata el amor “verdadero” así como la devoción por la música. Si citamos la música, qué mejor trabajo que el que realizó Andrew Lloyd Weber, encargado de llevar a cabo una gran cantidad de musicales reconocidos como “Evita” (con el tema “Don’t cry for me, Argentina”) y Cats (con la canción “Melody” que hace emocionar hasta las lágrimas). Para completar la escena, poco hay que agregar como que hay teorías que indican que el fantasma existió y que realmente hay “pruebas certeras” de que hubo alguien viviendo debajo de la Ópera de París. En mi caso mi versión favorita (aunque se haga un poco cuesta arriba o larga) es la protagonizada por Emmy Rossum y Gerard Butler (amar esa voz ronca y profunda es poco) junto a Patrick Wilson. Por sobre todas las cosas, la música parece más sacada de un recital de rock por los arreglos de guitarra que de un musical que lleva años presentándose en Brodway. De todas maneras, cualquier versión vale.

Por el contrario, debería decir que Drácula lleva más años instalado en la memoria de las personas a tal punto que, en Argentina, se adaptó a teatro musical llevando más de 25 años de realización (llegando a España en 1994). También existe una versión de teatro hecha por Christopher Hampton y Don Black. Obviamente, también hay un amor posesivo, sólo que si vamos al caso, el amor de Drácula sí es eterno (no como otros que juran serlo y no lo son). Bram Stocker fue realmente lejos al crear una historia 100% ficticia fundada sobre la historia de Vlad Tepes, el empalador (príncipe de Valaquia durante el siglo XV) el cual disfrutaba de tomar sangre humana (mojando hasta el pan en ella. ¡Delicioso!). Si vamos al caso, los vampiros fueron tomados como base para tantas otras posibles historias de amor “paranormal”.

Historias fascinantes que remiten a uno a otro tipo de épocas ya sea por sus datos unidos a la realidad o por sus hilos conductores a relatos fascinantes.

A ciencia cierta, las dos historias tienen algún hecho histórico tomado como base para recrear escenarios o personajes entrañables que forman parte de una gran mayoría a pesar que sólo escuchasen las historias de refilón.

Cielo Ven

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