Respeto y cómo salvarlo

Con el creciente éxito reciente de la serie “Thirteen reasons why” (Por trece razones en España), yo también me he sumado a su ingente cantidad de espectadores, llegando a integrarme en la serie como si fuera uno más de sus intérpretes. Pero también he integrado la propia serie como mensaje en mí, en mi forma de ver a las personas. Recomiendo la serie, pero también aviso a aquellos que sean más susceptibles de prepararse mentalmente para un conflicto de emociones intensas. Dicho esto, y por supuesto sin estropearos la experiencia de vivir sus capítulos en vuestras carnes, dejad que os explique cómo me ha cambiado, a ser posible, a mejor.

No es un misterio que todos, sin excepciones, somos seres sociables. Todo aquel que se aísla está condenado a autodestruirse. ¿Cómo afecta esto a nuestra personalidad? Buscamos en los demás las piezas que puedan completarnos. Buscamos amigos, exigimos un respeto y un buen trato. Pero, ¿somos capaces de darlo nosotros? Vivimos en la cultura del “Nadie es más que yo”, pero olvidamos practicar la del “Yo tampoco soy más que nadie”. Esto hace a la gente cruel, hace que antepongan su propio bienestar al de los demás. Es una pena, sinceramente, a mí me da verdadera lástima cómo podemos ser capaces de tratar a otros como medios para conseguir objetivos, ya sean personales, materiales o emocionales, en vez de ver que las personas también pueden ser metas. Sé que pareceré el típico ‘hippie’ que no para de hablar de amor y paz. Pero en verdad me gusta parar a pensar en los pequeños detalles que pueden afectar importantemente a otros. Cómo algo aparentemente insignificante puede significarlo todo para alguien. Habréis oído mil veces que dar los buenos días puede cambiar el día de una persona completamente. Pero yo voy más allá. Yo quiero buscar la forma de hacer sentir la importancia que tiene la gente en la vida, en mi vida, aunque ellos lo ignoren o les intenten convencer de lo contrario.

Desde hace un tiempo se ha convertido en una de las cosas que verdaderamente me hace sentir bien: hacer sentir bien a los demás. Es algo que me cuesta poco, algo que me parece tan sencillo y a veces me siento tan incapaz de hacer. Pero sí es cierto que alguna vez mis amigos se han extrañado del trato que les doy, como si fuera una locura mirar por el bien de quien no seas tú mismo. Me duele que el ser “bueno” sea un rasgo y no una característica aplicable a todos. Pero como he dicho, no soy ningún santo, y soy consciente de que cometo errores y he podido dañar a gente. El cambio llega cuando intentas reparar ese daño o prevenirlo, y no ignorarlo o buscarlo. ¿Por qué no podemos ser mejores?, ¿Qué nos impide actuar como creemos y no como se supone que hay que actuar? Deberíamos ser como nos gustaría que sean con nosotros, antes que cualquier cosa. El día en que aprendamos que la base del progreso y de la felicidad es el respeto, habremos ganado una batalla importante. Podemos mejorar la vida de los demás y a la vez la nuestra con muy poco esfuerzo, pero con mucha actitud.

Nunca seremos perfectos, siempre podemos ser mejores. Empecemos hoy.

Paul Göressen

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