Orgullo de amar

El maltrato está sobrevalorado y, a través de los patrones que seguimos en nuestra sociedad actual, poco se contribuye para que este hecho cambie. Al contrario, el acceso constante a la información es un gotero que nos muestra repetidamente todas las muestras de odio que tienen lugar en nuestro día a día.

De este modo, sucede que normalizamos determinadas conductas de odio porque forman parte de nuestra rutina y, de manera inconsciente nos vamos contagiando de esa espiral que, en muchas ocasiones, nos convierte en seres impasibles que solo reaccionan ante situaciones que nos ocurren en primera persona porque hemos perdido la capacidad de empatizar.

La empatía da sentido a nuestra humanidad y, por ello, debería ser uno de los valores imprescindibles para cohabitar esta sociedad, aunque es muy frecuente encontrar hechos que solo pueden explicarse por la falta de este valor.

Esta semana tendrá lugar la celebración del Día Internacional del Orgullo LGBT, portando a sus espaldas reivindicaciones que aluden a la libertad de que cada persona pueda ser quién es sin que su condición sexual tenga un carácter determinante en su vida.

Algo tan primario como el arte de amar se ha visto perseguido durante años, simplemente por dar por hecho un orden de amor estipulado por la heterosexualidad y, por ello, todo lo que difiriese de ello, ha sido condenado. De ahí que surja la necesidad de tener un día para recordar la necesidad de reivindicar, visibilizar y normalizar la libertad de amar.

La “erotización del maltrato” en nuestro día a día ha dado lugar a que hayamos adquirido la supremacía de quitarle el verdadero valor a una energía tan grande como la que nace del acto de amar a otra persona. Si este hecho no es acorde a lo que ha estado establecido como lo usual, observamos consecuencias tales como que constituyese una enfermedad mental, no hace mucho más de treinta años.

Por lo tanto, algo viene fallando desde hace tiempo entonces: el miedo a lo desconocido. Este, nos deja fuera del control de una situación que anteriormente podíamos tener controlada porque la norma se rompe y, con ella, algunas personas vislumbran grietas de revolución que les dan pavor.

¿Y si transformamos ese miedo en fuerza?, ¿y si nos empeñamos en perder el miedo a lo desconocido porque hacemos que deje de serlo?

Nuestra capacidad para romper barreras viene siempre de la mano de nuestra herramienta más feroz: la educación y, es solo a través de ella, como podremos dejar de otorgar todo el poder al odio, como podremos mantener esa espontaneidad de la niñez para no realizar juicios innecesarios y permitirnos crecer con empatía, valorando lo bello que es aprender de la pluralidad.

A veces, todo se reduce a algo tan básico como fomentar el amor en todos los niveles sin que ello nos chirríe como algo ñoño: dicha reacción no es más que otro daño colateral procedente de que le otorguemos mayor atención a conductas de malos tratos que a las de buenos tratos entre las personas. Por ello, eduquémonos en actitudes previamente etiquetadas como idealistas, pero, atreviéndonos a tomar responsabilidad sobre ellas. Lograremos, así, dejar de mantenerlas en una burbuja utópica para pasen a formar parte de nuestra realidad. No es tan difícil, pero no quieren que seamos conscientes de ello.

Mª Ángeles Serrano Romero

 

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2 comentarios en “Orgullo de amar”

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