Orgullo “cítrico”

Durante esta semana y la siguiente el mundo entero se tiñe de arcoíris para celebrar el Orgullo LGTB y las multinacionales se preparan para el llamado “lavado rosa” con el fin de atraer al colectivo al consumo de sus productos. Basta con asistir a la Manifestación Estatal de las grandes ciudades para percibir un espectáculo que se confunde con la cabalgata de los Reyes Magos: las calles se llenan de escaparates con ruedas de la mano de marcas como Paypal, líder en la visibilización del colectivo (nótese la ironía).

El Orgullo ha perdido su esencia inicial, que no era otra que la de reivindicar los derechos de las lesbianas, los homosexuales, los transexuales y les queer. Todos ellos, unidos como hermanos, transgredían, eran un grito contra los roles de género y, en definitiva, contra el sistema cisheteropatriarcal que aún hoy sigue vigente en la sociedad. La lucha queda en la sombra y nos deslumbran las lentejuelas, los tacones de charol con plataforma y las plumas que vuelan mientras suena música de petardeo. Y con lo a gusto que estamos con nuestras litronas y el ambientazo que hay, ¿Cómo nos vamos a quejar?

Después de la calma, viene la tormenta. Al volver a casa, lejos de nuestra zona de confort (Chueca, probablemente) es de lo más común que suframos vejaciones, comentarios burlones sobre nuestra apariencia, pánico a volver a casa solos. Ansiedad, trastornos y suicidios. Esa es la realidad que no queremos ver, porque para eso ya están los demás días del año. Pero… ¿Merece la pena unos días de fiesta a cambio de años de calvario? Naturalmente, no.

Por eso existe lo que se conoce como Orgullo Crítico (aunque yo prefiero llamarlo Orgullo Cítrico), una manifestación que mantiene la tradición original y que denuncia al capitalismo y al mercantilismo que deja lo político del movimiento en un segundo plano. El Orgullo Crítico es un grito por nuestros derechos y por los derechos de todos aquellos que prefieren dejarse la voz en el concierto de King Jedet o lo que es peor: en el de Netta. Y no es casualidad que la manifestación tenga lugar un 28 de junio, día señalado en la historia del colectivo LGTB tras las redadas en el pub Stonewall Inn.

Es necesario que estamos felices y orgullosos de lo que somos, pero no hay que olvidar que el horno no está para bollos (nunca mejor dicho) y que la realidad que vivimos está más para llorar que para reír. Transformemos, pues, ese lloro en un grito rabioso. Porque si nosotros no nos dejamos la garganta en chillar verdades nadie lo hará.

Yo voy al Orgullo Crítico, ¿Y tú?

Ro Shelby

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