Cambiando el dogma

He nacido en un entorno con una fuerte base religiosa y militar, y cualquiera diría que por ello debo tener un pensamiento más cercano a la derecha conservadora. Sin embargo, quien me conoce sabrá que ni siquiera atisbo el principio de ese tipo de ideología. Desde que nací se me educó para no ser un ‘’borrico’’, una persona de mente cerrada cuyo mundo se sustenta en dos ideas prácticamente inamovibles; se me enseñó a tener un pensamiento crítico, pero por encima de todo se me educó en el respeto al prójimo, sin estigmatizar absolutamente ningún aspecto diferente a mi forma de ser. Por ello, apenas veo diferencias que supongan un rechazo hacia cualquier tipo de persona, salvo hacia los borricos, que para hablar con paredes ya hay muchos edificios bonitos.

Hace unos días se celebró el Día Internacional del Orgullo LGBT, y las calles, los perfiles de personajes públicos en las redes sociales, diferentes marcas corporativas se cubrieron bajo el manto de los colores que representa la bandera de este colectivo tan amplio. Esta acción, si bien remarcable en una primera instancia, huele de aquí a la Luna a una simple jugada capitalista para obtener más allegados ‘’por la causa’’, con el fin de obtener algún beneficio.

Y esto último, NO ES APOYO.

En mis años de existencia, he conocido a gente que se encuentra dentro de este colectivo. He podido entablar grandes amistades, generar desdenes, e incluso, a algunas de estas personas podría decir que las he llegado a querer. No obstante, nunca ha sido por la condición que les ‘’diferencia’’, sino por cómo son. Nunca he visto géneros u orientaciones, sólo personas. Seres humanos como yo: con miedos, aspiraciones y sus propios castillos en el aire, que únicamente quieren ser felices. Para mí, reivindicar con ellos -que cada uno es un individuo que recorre este mundo-, y normalizarlo, es el verdadero apoyo. Tratando a la gente como te gustaría que te tratasen a ti. Todo esto para mí no ha sido complicado, y es porque he sido educado así, por lo tanto, creo firmemente que la solución es LA EDUCACIÓN.

Bien, ¿dónde empieza esta educación?

La educación empieza en casa, pero no dejada a un libre albedrío donde los niños adquieren su conocimiento sobre el sexo en la televisión y en la pornografía. Que si bien, la televisión adaptada adecuadamente, mediante la introducción de personajes LGTB y normalizándolos ayudaría; la principal responsabilidad recae sobre los familiares, los modelos a seguir. Estos son los responsables de educar a los jóvenes, rompiendo la idea que se tiene sobre el sexo, aun concebido como un tabú y que debe explicarse de una manera natural, indicando que la libertad de uno termina donde empieza la del otro. Que por no tener una sexualidad como la de la ‘’mayoría’’ debes tratar a alguien de una manera vejatoria, y sobre todo, hacer entender que No es No. Todo esto reforzado mediante una correcta educación en las escuelas, adaptando horarios para clases sobre sexología y yendo más allá de poner condón a un plátano, resolviendo dudas de los cambios que se sufre cualquier ser humano pubescente.

Pablo Rubens

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