Cómo hacer frente a situacione difíciles

 

Todas las personas pasamos por situaciones difíciles, obstáculos que, en mayor o en menor medida, pueden suponer un punto de inflexión por el cual sintamos que tenemos que sacar todos nuestros recursos internos para hacerles frente. No reaccionamos igual ante situaciones (aparentemente) similares y eso podemos observarlo fácilmente en la gente que nos rodea; cuántas veces, cuando tenemos a una persona cercana pasando por una situación extremadamente difícil, habremos pensado: “no sé cómo lo hace, qué fuerte es, yo no sería capaz”. Lo cierto es que uno no nace con la capacidad de hacer frente y superar las situaciones adversas, es algo que se aprende a través del desarrollo de ciertas conductas y pensamientos.

La capacidad para afrontar y adaptarse a las adversidades, logrando sobreponerse a ellas, se denomina “resiliencia”. Este concepto fue divulgado por Boris Cyrulnik, siendo extraído de los escritos de John Bowlby, quien describió la teoría del apego (en la sección de Psicología hay un artículo dedicado a este tema, por si resulta de interés al lector).

El hecho de que seamos capaces de hacer frente a las tragedias o al estrés no significa que no sintamos tristeza, incertidumbre o malestar emocional o físico, sino que, a pesar de esos sentimientos y emociones, somos capaces de sobreponernos a la difícil situación. Generalmente, con el tiempo, las personas logramos adaptarnos a las circunstancias que en un primer momento nos resultaron devastadoras, que dieron un giro de 180 grados a nuestra vida. No es sólo que “el tiempo todo lo cura”, como dice el verso popular, sino que este proceso requiere del desarrollo de la ya mencionada resiliencia. De hecho, la Neurociencia considera que son las personas con más resiliencia las que tienen un mayor equilibrio emocional, una mayor sensación de control frente a los acontecimientos adversos y una mayor capacidad para afrontar las situaciones difíciles y estresantes.

Para mejorar nuestra resiliencia resulta necesario desarrollar y potenciar una serie de cualidades como son el autoconocimiento y la autoestima, es decir, conocer nuestras fortalezas y habilidades, así como nuestras limitaciones y debilidades. Es importante ser realista para así poder trabajar en aquellos aspectos que más nos cuestan (por ejemplo: si soy una persona muy impulsiva cuando estoy pasando por un mal momento, tengo que aprender a controlarme y pensar antes de decir o actuar de una manera que pueda resultar perjudicial para mí o para las personas de mi entorno). También resulta relevante reconocer nuestras propias emociones y saber expresarlas de una manera asertiva; que las personas de nuestro entorno sepan por lo que estamos pasando y cómo pueden ayudarnos resulta muy beneficioso, ya no sólo de cara a nuestra salud mental y social, sino para recuperarnos de la situación que estemos atravesando.

Evitar las quejas constantes y el “revolcarse” en el propio dolor puede resultar de gran ayuda también. En numerosas ocasiones podemos quedar atrapados en nuestros propios círculos tóxicos de pensamientos, dándole vueltas y más vueltas a situaciones que no podemos cambiar ni controlar en la mayoría de los casos. A este respecto, Reinhold Niebuhr nos remarca en una frase célebre la importancia de aceptar las cosas que no se pueden cambiar y tener el valor para cambiar aquello que sí se pueda modificar y, sobre todo, tener la sabiduría para conocer la diferencia entre ambas.

Belén Macía

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