Soy feliz, pero tengo hormigas traviesas

“No eres feliz.” Tres simples palabras pueden rebotar o bien, apuñalarte el corazón. Bien, yo soy de las segundas y, sufro hipersensibilidad, muy relacionada con la condición congénita de ansiedad generalizada que también padezco.

Aproximadamente un 20% de la población manifestará ansiedad en algún momento de su vida; sí, una de cada cinco. Yo también pensaba que era menos, porque el sufrimiento que supone pensaba que nadie más lo podía aguantar.  Los expertos relacionan esta condición con la evolución eficaz de las especies, pues si un tigre se te acerca, es el miedo y el estrés lo que prepara tu cuerpo para huir y estar a salvo. No obstante, hay que ir un poco más allá, básicamente porque vivimos de una forma bastante diferente a la de los nuestros amiguitos neandertales.

 El trastorno de ansiedad se manifiesta en personas de formas extremadamente distintas, pues cada cerebro es un milagro llena de conexiones neuronales y enzimas que, en parte, difieren entre un individuo u otro. Así pues, ante los exámenes, la falta de tiempo, etc. uno puede padecer insomnio, náuseas o un nudo al estómago, entre otros. La psicología y la medicina no son, entonces, ciencias exactas. Los síntomas que acabo de mencionar arriba no son los que indican que tengas un trastorno psiquiátrico, ¡tranquilo/a!,  solo los he mencionado porque seguro que te sientes identificado con alguno de ellos, ya que todos los tenemos de forma diferente como reacción del Sistema Nervioso Simpático delante de un acontecimiento “peligroso” pero, “a lo humano”, porque pocos tigres corren por Barcelona, o al menos yo no he visto ninguno por ahí. Y no quiero quitar valor a las sensaciones desagradables que este estrés puede causar, pero me gustaría expresar una realidad que está ampliamente confundida en la sociedad: ¡estar ansioso o estresado NO es lo mismo que tener ansiedad!

Ya hemos comentado lo que es el estrés anteriormente. Voy, ahora, a poner un ejemplo de un brote de ansiedad para que se pueda entender esta abismal diferencia:

Estoy en el sofá mirando mi serie favorita, una comedia. Es verano y, mañana he quedado con unos amigos. Mi novio está súper cariñoso y mi madre se encuentra bien y contenta con su trabajo. De repente, empiezo a notar una molestia en el estómago, como si hubiera arañas dentro. “No pasa nada” pienso, y sigo viendo la tele. De repente, las arañas suben por la garganta y me aprietan muy fuerte. ¡Los pulmones se me han atado! ¿Cómo se deshace la cuerda que los mantiene sofocados? El estómago se me llena de una especie de líquido espeso, y quiero vomitar. Empieza a faltarme el aire y mis brazos están llenos de hormigas, no me los noto… Las hormigas no tienen piedad y suben por la cara y la cabeza, mi madre me habla preguntando qué me pasa y, tengo muchísima fuerza para querer salir de mi hechizado cuerpo pero no tengo fuerza para explicarle lo que me pasa y, las palabras de mi madre cada vez se oyen más lejos…

Esto es una crisis típica de ansiedad y, ocurre sin ninguna causa aparente. Es más o menos común dependiendo de la persona y sus circunstancias. A veces se relaciona con pensamientos y, a veces, la serotonina se vuelve loca de forma espontánea, lo que hace la comprensión de la enfermedad extremadamente difícil por la misma persona y las que la rodean. Una persona con ansiedad no entiende lo que le pasa, necesita ayuda y, suele recibir de respuesta un “estás estresado, ya se te pasará”. Esto es terriblemente cruel, es como decir a un diabético que la insulina ya se le regulará sola.

Las personas con ansiedad suelen ser poco expresivas, pues están acostumbradas a sufrir en soledad y de forma intrínseca. También se caracterizan  por querer dar consejos a los demás y ser extremadamente comprensivas, además de pacíficas, pues no quieren para nadie el monstruo que tienen dentro, solamente quieren deshacerse de él. Pero son maduras, crecen personalmente de forma rapidísima. Entienden su alrededor más que nadie y empatizan a la primera con todos los que los rodean. Son altamente sensibles y perciben inputs poco comunes. Son creativos y, quieren, a su manera, expresar todo lo que sueñan y sienten, sin herir a nadie. Esto les hace feliz o, más bien dicho, nos hace feliz, me incluyo en el grupo. Es por esto que, un “no eres feliz” es lo más feo que uno puede atreverse a decir a una persona con ansiedad, porque en su mundo, encuentra la felicidad en cada hoja, nube, sonrisa o palabra que la aleje de su travieso inconsciente. Y, aunque hable de suicidio, de la muerte, de las pesadillas, de terror y de dolor, nunca se va a dar por vencido, porque tiene una fuerza que le llevará a comerse el mundo. Es por esto, que, quienes les rodeen serán afortunados de aprender y luchar con ellos, de entender la vida de una forma distinta y, ante todo, de hacerlo de forma feliz.

Teresa Jordà Baleri

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