Poema del niño que viaja

El niño es llevado al trono
y aún tiene ángeles entre sus dientes
y ninfas en sus pupilas.

El niño es llevado al trono:
con la mirada somnolienta
se recuesta sobre el amanecer descalzo.

¡Cuánto viaje hay en él, cuando bosteza!
Cuánto hay, en sus sonrientes suspiros.

El niño ya está en su trono,
recorriéndole los kilómetros
como pedacitos de espuma,

y, aún a través del cristal,
lo amamantan las nubes,
lo arropan las horas.

El niño ya está en el trono:
dos ángeles a su vera
lo resguardan de la bruma.

Y reposan, sobre el asfalto caliente,
las promesas, el viaje.
El niño, en duermevela.
Asoma una sonrisa, inquieta.

Nada en su vientre.

¡Siembra el viaje, sobre el regazo de la brisa!
¡Siempre hay viaje, con sus dos ángeles entre los dientes!

Hoy, que año a año,
se han deshecho los kilómetros
en su serena frente,

hoy toca,
deshacerlos sin brazos, sin piernas, sin ruedas:
dos ángeles no pueden estar ya entre sus dientes.

El niño busca hoy un nuevo trono,
con la mirada abierta
erguida sobre el sol naciente…

¡Cuántos viajeros habrá en él, cuando despierte!
¡Y cuánto niño todavía, en el viajero que crece!

Juan Martínez

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