¿Me echaron porque me tenían manía?

Estoy segura de que la mayoría de vosotros habéis dicho, en algún momento de vuestra vida, alguna frase del estilo “Me ha suspendido porque me tenía manía”. Esta frase hace una referencia perfecta, según la psicología, a un estilo atribucional externo. Pero, ¿qué es eso del estilo atribucional?

La Teoría de la atribución fue desarrollada por Heider, que descubrió que los seres humanos teníamos un mecanismo por el cual asignábamos explicaciones al comportamiento propio y ajeno y a lo que ocurría en general. Es decir, intentábamos dar un sentido a los acontecimientos.

Weiner añadió a la teoría de Heider varios elementos que hoy en día también se tienen en cuenta.

Por un lado, encontramos en Locus de control, que puede ser interno (cuando explicamos que lo que ha pasado es culpa o mérito propio, por ejemplo, “He conseguido el trabajo porque me he esforzado mucho”) o externo (cuando hacemos alusión a causas ajenas a nosotros, por ejemplo, “No lo conseguí porque tuve muy mala suerte”).

A esto se le une la Estabilidad, es decir, la sensación de que lo que ocurre se puede cambiar o no. Si creemos que los factores son estables, tendremos la sensación de que no podemos modificar lo que ocurre, mientras que, si los consideramos inestables, pensaremos que sí son moldeables.

Por último, está la Capacidad de control, es decir, lo controlable o no que es algo. Si pensamos que algo nos salió mal porque habíamos descansado poco, creeremos que es algo controlable y que la próxima vez con tal de dormir mejor, los resultados cambiarán. Por el contrario, si achacamos un resultado a la suerte, tenderemos a pensar que esta es incontrolable.

Las emociones influyen mucho en nuestras atribuciones. Ante estados emocionales negativos, presentaremos una atribución externa, específica e inestable ante el éxito (“Me ha salido bien porque he tenido suerte”) y un estilo de atribución interno, global y estable de los fracasos (“Me ha salido mal porque le caigo mal”).

Con un estado emocional positivo, nos encontraremos con un estilo de atribución interno, específico y estable de éxito (“Me ha salido bien porque me he esforzado mucho”) y un estilo de atribución externo, global e inestable de fracaso (“Me ha salido mal por puro azar”).

¿Y si reflexionamos sobre las atribuciones que solemos hacer? Quizás descubramos que las cosas dependen más de nosotros de lo que creemos y, por lo tanto, tenemos más poder sobre nuestras vidas.

Eva C. Pérez

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